martes, 2 de febrero de 2010
miércoles, 30 de diciembre de 2009
miércoles, 23 de diciembre de 2009
M O O N D O G
Recordadme que un día os hable del vikingo de la Quinta Avenida.
The only one who knows this ounce of words is just a token
is he who has a tongue to tell, but must remain unspoken.
jueves, 17 de diciembre de 2009
AHORA
Sólo soy el eco
de la sombra
del
banco
de piedra.
No hay magia.
Sólo queda
sólo
este ahora eterno limbo
martes, 15 de diciembre de 2009
martes, 8 de diciembre de 2009
Mi teléfono móvil. Le dan ataques. Desde hace ya algún tiempo, pero se están intensificando. Se enciende y se apaga solo, pero con un estertor, una vibración...doliente. He tenido que quitarle la batería. Mi móvil se muere.
Hay un fantasma que baila al son de la séptima de Sostakovich, después de ese pizzcato cuando todo explota sin sentido. El exceso, euforia delirante de demencia dionisíaca. Placer por placer. Y ahora...
domingo, 6 de diciembre de 2009
in weiter ferne, so nah
"Facilis descensus Averni" en la Divina Comedia. Grabado de Gustave Dore
Licht, das leuchtet und entzündet,
Wer das Licht des Lichtes findet,
Braucht des eitlen Wissens nicht.
Wer vom Licht sich abgewendet,
Der bewillkommt froh die Nacht,
Dass die selt’ne Gabe spendet,
Ihn belohnt mit dunkler Macht.
Mische, sinne, wirke, strebe,
Mühe dich, du Erdensohn,
Dass zu fein nicht dein Gewebe,
Und der Tat nicht gleich der Lohn.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Tormenta y arrebato
Nicolás Poussin Midas y Baco. Alte Pinakothek, Munich. (A la izquierda, gordo y ebrio, el bueno de Sileno)
Una vieja leyenda cuenta que durante mucho tiempo el rey Midas había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dioniso, sin poder cogerlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué es lo mejor y más preferible para el hombre. Rígido e inmóvil calla el demón; hasta que, forzado por el rey, acaba prorrumpiendo en estas palabras, en medio de una risa estridente: "Estirpe miserable de un día, hijos del azar y la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para tí sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para tí - morir pronto"
Friedrich Nietzsche citando a Apolodoro de Atenas
El éxtasis del estado dionisíaco, con su aniquilación de las barreras y límites habituales de la existencia, contiene, en efecto, mientras dura, un elemento "letárgico", en el que se sumergen todas las vivencias personales del pasado. Quedan de este modo separados entre sí, por este abismo de olvido, el mundo de la realidad cotidiana y el mundo de la realidad dionisíaca. Pero tan pronto como la primera vuelve a penetrar en la consciencia, es sentida en cuanto tal con náusea; un estado de ánimo ascético, negador de la voluntad, es el fruto de tales estados. En este sentido el hombre dionisíaco se parece a Hamlet: ambos han visto una vez verdaderamente la esencia de las cosas, ambos han "conocido" y sienten náuseas de obrar; puesto que su acción no puede modificar en nada la esencia eterna de las cosas, sienten que es ridículo o afrentoso el que se les exija volver a ajustar el mundo que se ha salido de quicio. El conocimiento mata el obrar, para obrar es preciso hallarse envuelto por el velo de la ilusión - ésta es la enseñanza de Hamlet, y no aquella sabiduría barata de Juan el Soñador, el cual no llega a obrar por demasiada reflexión, por exceso de posibilidades, si cabe decirlo así; no es, ¡no!, el reflexionar - es el conocimiento verdadero, es la mirada que ha penetrado en la horrenda verdad lo que pesa más que todos los motivos que incitan a obrar, tanto en Hamlet como en el hombre dionisíaco. Ahora ningún consuelo produce ya efecto, el anhelo va más allá de un mundo después de la muerte, incluso más allá de los dioses, la existencia es negada, junto con su resplandeciente reflejo en los dioses o en un más allá inmortal. Conciente de la verdad intuida, ahora el hombre ve en todas partes únicamente lo espantoso o lo absurdo del ser, ahora comprende el simbolismo del destino de Ofelia, ahora reconoce la sabiduría de Sileno, dios de los bosques: siente náuseas.
Aquí, en este peligro supremo de la voluntad, aproxímase a él el arte, como un mago que salva y que cura: únicamente él es capaz de retorcer esos pensamientos de náusea sobre lo espantoso o absurdo de la existencia convirtiéndolos en representaciones con las que se puede vivir: esas representaciones son lo sublime, sometimiento artístico de lo espantoso, y lo cómico, descarga artística de la náusea de lo absurdo.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Solve
Paredes infinitas forradas de palabras.
No puedo hablar contigo, así que aprovecho este momento (extraño) para hablar conmigo y no tengo nada que decirme.
Paredes infinitas encerrando ilimitados espacios abiertos. Mirada extrañada de sueños congelados.
Hay un cuadro de Klee...
Esto es tremendo. Como Benjamin, con todo su genio, con toda su obsesión vió esto en el garabato de Klee. Perdió, sin embargo, el detalle de la mirada sesgada. La mirada sesgada y tanta ruina...
Y mientras yo buscando con algo de solve un poco de coagula. Y no lo encuentro, aunque me digan tantas cosas como aquí:
No puedo hablar contigo, así que aprovecho este momento (extraño) para hablar conmigo y no tengo nada que decirme.
Paredes infinitas encerrando ilimitados espacios abiertos. Mirada extrañada de sueños congelados.
Hay un cuadro de Klee...
Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Creo que este debería ser el aspecto del ángel de la Historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el Paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. El huracán le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Walter Benjamin, Tesis de la filosofía de la Historia.
Esto es tremendo. Como Benjamin, con todo su genio, con toda su obsesión vió esto en el garabato de Klee. Perdió, sin embargo, el detalle de la mirada sesgada. La mirada sesgada y tanta ruina...
Y mientras yo buscando con algo de solve un poco de coagula. Y no lo encuentro, aunque me digan tantas cosas como aquí:
Y no lo encuentro porque nada fluye si tu no derramas en mi
unas gotitas de ti.
domingo, 8 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
miércoles, 28 de octubre de 2009
lunes, 19 de octubre de 2009
sábado, 10 de octubre de 2009
.0.

[...] Pero a ese respecto yo nunca he tenido más que ideas muy confusas, porque conozco poco a los hombres y no sé muy bien qué significa eso de ser. En fin, lo he probado todo. Correspondió por último a la magia el honor de aposentarse en mis escombros y aún hoy, cuando me paseo por ellos, encuentro algún vestigio. Pero casi siempre se trata de un lugar sin límites ni plano donde incluso los materiales - y no digamos su disposición - me resultan incomprensibles. Y no sé qué es lo que está en ruinas ni, por consiguiente, si se trata de ruinas o de la inquebrantable confusión de lo eterno, si se dice así. En todo caso, es un lugar sin misterio, la magia lo ha abandonado, al encontrarlo sin misterio. Y aunque no voy a visitarlo de muy buena gana, quizá voy allí más a gusto que a otra parte, asombrado y tranquilo, iba a decir como en un sueño, pero no es esto, no es esto. Pero no es uno de esos lugares a los que uno va, sino que uno se encuentra en ellos, a veces sin saber cómo, sin ningún placer, pero quizá con menos molestia que en otros sitios
de los que es posible alejarse a poco que uno se tome el trabajo, parajes misteriosos, amueblados con los misterios habituales. Escucho y me oigo dictar un mundo paralizado en el momento de perder el equilibrio, bajo una luz débil y tranquila sin más, suficiente para ver, ustedes comprenderán, y también paralizada. Y oigo murmurar que todo se dobla y cae, como bajo una pesada carga, pero aquí no hay carga, y también el sol, poco adecuado para llevar cargas, y y también la luz, hacia un final que parece que no va a llegar nunca. Porque ¿qué fin podrían tener estas soledades donde nunca hubo verdadera claridad, ni equilibrio, ni simple tierra firme, sino perpetuamente esos objetos pendientes deslizándose en un derrumbamiento sin fin, bajo un cielo sin recuerdo de alborada ni esperanza de atardecer? Digo estos objetos, pero ¿qué objetos, venidos de dónde, formados de qué sustancia? Y parece que aquí nada se mueva, ni se ha movido nunca, ni se moverá nunca, salvo yo, que tampoco me muevo cuando estoy aquí, sino que miro y me hago ver. Si, es un mundo acabado, pesa a las apariencias, su fin le dio origen, empezó al acabar, ¿me expreso con bastante claridad? Y yo también estoy acabado, cuando me encuentro ahí, se me cierran los ojos, cesan mis sufrimientos y termino, doblado como no pueden hacerlo los vivos. Y si hubiera seguido escuchando aquel hálito lejano, callado hace tanto tiempo y que termino por escuchar, hubiera sabido todavía más cosas a este respecto. Pero no escucharé más, de momento, aquel hálito lejano, porque no me gusta, y hasta le temo. Pero no es un sonido como los demás, que se escuchan cuando uno quiere y muchas veces pueden hacerse cesar, alejándose o tapándose los oídos, sino que es un sonido que empieza de pronto a zumbar en la cabeza de uno, sin saber cómo ni por qué. Es la cabeza quien lo oye, las orejas no tienen nada que ver, y no hay modo de pararlo, se para cando quiere. No tiene importancia que le preste atención o no, lo estaré oyendo siempre, ni un trueno podría ocultármelo antes de que quiera cesar. Pero no tengo ninguna obligación de hablar de él , ya que no es asunto mío. Y no es asunto mío, de momento. No, de momento mi asunto es terminar aquella historia de la luna que quedó inacabada, sí, ya sé que éste es mi asunto. Y aunque lo terminaré peor que si estuviera en plena posesión de mis facultades, de todos modos voy a terminarlo,lo mejor que pueda, o al menos eso creo. [...]
de los que es posible alejarse a poco que uno se tome el trabajo, parajes misteriosos, amueblados con los misterios habituales. Escucho y me oigo dictar un mundo paralizado en el momento de perder el equilibrio, bajo una luz débil y tranquila sin más, suficiente para ver, ustedes comprenderán, y también paralizada. Y oigo murmurar que todo se dobla y cae, como bajo una pesada carga, pero aquí no hay carga, y también el sol, poco adecuado para llevar cargas, y y también la luz, hacia un final que parece que no va a llegar nunca. Porque ¿qué fin podrían tener estas soledades donde nunca hubo verdadera claridad, ni equilibrio, ni simple tierra firme, sino perpetuamente esos objetos pendientes deslizándose en un derrumbamiento sin fin, bajo un cielo sin recuerdo de alborada ni esperanza de atardecer? Digo estos objetos, pero ¿qué objetos, venidos de dónde, formados de qué sustancia? Y parece que aquí nada se mueva, ni se ha movido nunca, ni se moverá nunca, salvo yo, que tampoco me muevo cuando estoy aquí, sino que miro y me hago ver. Si, es un mundo acabado, pesa a las apariencias, su fin le dio origen, empezó al acabar, ¿me expreso con bastante claridad? Y yo también estoy acabado, cuando me encuentro ahí, se me cierran los ojos, cesan mis sufrimientos y termino, doblado como no pueden hacerlo los vivos. Y si hubiera seguido escuchando aquel hálito lejano, callado hace tanto tiempo y que termino por escuchar, hubiera sabido todavía más cosas a este respecto. Pero no escucharé más, de momento, aquel hálito lejano, porque no me gusta, y hasta le temo. Pero no es un sonido como los demás, que se escuchan cuando uno quiere y muchas veces pueden hacerse cesar, alejándose o tapándose los oídos, sino que es un sonido que empieza de pronto a zumbar en la cabeza de uno, sin saber cómo ni por qué. Es la cabeza quien lo oye, las orejas no tienen nada que ver, y no hay modo de pararlo, se para cando quiere. No tiene importancia que le preste atención o no, lo estaré oyendo siempre, ni un trueno podría ocultármelo antes de que quiera cesar. Pero no tengo ninguna obligación de hablar de él , ya que no es asunto mío. Y no es asunto mío, de momento. No, de momento mi asunto es terminar aquella historia de la luna que quedó inacabada, sí, ya sé que éste es mi asunto. Y aunque lo terminaré peor que si estuviera en plena posesión de mis facultades, de todos modos voy a terminarlo,lo mejor que pueda, o al menos eso creo. [...]
Samuel Beckett , Molloy.
Traducción: Pedro Ginferrer. Ed. Alianza/Lumen
lunes, 28 de septiembre de 2009
Kavafis (reprise)
VUELVE
Vuelve otra vez y tómame,
sensación amada, retorna y tómame -
cuando la memoria del cuerpo despierta
y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan,
cuando las manos sienten que aún tocan.
Vuelve otra vez y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...
K.K. 1863 - 1933
sensación amada, retorna y tómame -
cuando la memoria del cuerpo despierta
y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan,
cuando las manos sienten que aún tocan.
Vuelve otra vez y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...
K.K. 1863 - 1933
martes, 18 de agosto de 2009
En el Viento de la mente surge
la turbulencia que llaman Yo.
Estalla y se precipitan
todos los pensamientos estériles.
Toda vida muere de asfixia.
Este desierto es el Abismo en el que se halla el Universo
Las estrellas no son sino cardos inútiles
en este punto maldito
en un mundo de gozo,
ahora y luego los Viajeros cruzan el desierto;
vienen desde el Gran Mar
y al Gran Mar se encaminan.
En su marcha derraman agua,
un día regarán el Desierto hasta que florezca.
¡Mirad! ¡Huellas de camello! V.V.V.V.V.
la turbulencia que llaman Yo.
Estalla y se precipitan
todos los pensamientos estériles.
Toda vida muere de asfixia.
Este desierto es el Abismo en el que se halla el Universo
Las estrellas no son sino cardos inútiles
en este punto maldito
en un mundo de gozo,
ahora y luego los Viajeros cruzan el desierto;
vienen desde el Gran Mar
y al Gran Mar se encaminan.
En su marcha derraman agua,
un día regarán el Desierto hasta que florezca.
¡Mirad! ¡Huellas de camello! V.V.V.V.V.
Aleister Crowley El Libro de las Mentiras (así llamado falsamente)
miércoles, 29 de julio de 2009
viernes, 26 de junio de 2009
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