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jueves, 14 de febrero de 2008

Le Voyage

Foto: Flying Lessons, de Robert ParkeHarrison. Corríjanme.




Que se apaguen todas las luces. Ahora solo estamos nosotros y la carretera, nosotros y las calles pobladas y desiertas en las que vamos a soñar viviendo. Olvida las matemáticas, la paz está en la poesía, en la música, el dulce alcohol bajando por mi garganta, mis dedos acariciando tu cuello y si, ya sabemos que el humo es hermoso, ya sabemos que el humo también quiere acariciarnos, pero sólo un rato: dejemos que el aire se mantenga tal como estaba cuando llegamos, que ni una nube turbe esta vez la clara sensación de asombroso descubrimiento. Que nada huela nada más que a nada, que nada turbe la percepción de este instante único como todos, pero dilatado y contraído en el tiempo - una arruga ahora bella, los cimientos de ruinas nuevas-, eleva el rostro y atraviesa el techo, tu, viajero espacial, tu, cosmonauta, orbitando en tu vehículo de dimensiones planetarias. Colgados de la nada en mitad del Universo ahora despega los pies flota y juega con los pavos reales, chapotea en los charcos, sumérjete en la niebla, sonríe otra vez y déjame reflejarme en tu boca no en tus ojos me observan y yo estoy en ellos pero quisiera no verme esta vez a mi mismo, quisiera que esta vez el espejo de la musa me mostrara de verdad su alma, y poder recostarme un rato en sus recovecos, y solo verte a ti, otra vez, esta vez....


Las mismas palabras. Los mismos sonidos. Naranja. Azul. Verde fluorescente. Morado metalizado. Rojo, Azul. Las mismas palabras, neones, ruido, Luna, sueño, espiral, humo. Palabras nuevas. Disfuncionalidad. Sesgo congnitivo. No es fácil, ya vienen a por mi y esta vez no me dejarán salir impune, corre calle abajo, llega hasta el puerto, el olor a pescado podrido el fuel se refleja en el agua y la hace mas hermosa mientras la mata, las gruas, ya vienen...sube calle arriba y detente frente a esa tienda, reconoce en su rostro a tu madre y tu un joven campesino medieval del condado de... algo que acabe en ssex o en shire. El camino sigue.

Cuando por fin estés en lo mas alto - de la calle, del Todo - no te detengas ni un instante, la luz de su ventana está encendida, da las buenas noches al recepcionista, sube - esta vez sí es hacia arriba - llama dos veces. Espera. Sándalo y agua de rosas. Ya estás dentro y ahora sabes que has olvidado llevar un ramo de lirios - no es día para otra flor - pero sobre la mesilla se desmaya en un vaso olvidado un tulipán amarillo bañado en ron de las Indias. Haz tu reverencia (¿ya nadie recuerda como se hace? Bras bas, segunda, demí-plie, tercera, cuarta) y espera a que la música suene por si misma, o mejor abre la ventana, pide una tarta de nata y con un acebo haz girar el disco. Esta vez no sonará Chloè, sino que escuchas la blusa deslizándose de sus hombros y tu no puedes esperar. Te giras. Desaparece.

¿Cuando terminará todo esto? Escribe una carta a tu alma futura y no tendrás respuesta. Hay cosas que cortan como cuchillas y sirven para jugar. Está Marcel Proust muy enfermo y ojeroso. Está Hemingway con cara de palurdo imberbe, el bigote agranda su rostro en lugar de menguarlo. Detente en los emporios de Fenicia y deléitate con toda clase de perfumes voluptuosos, pero que sólo sean los del rastro que el cazador persigue hasta un lejano cementerio de árboles apilados en forma de casa donde por fin la encuentras de nuevo, tendida, sobre la cama. Y solo un rayo de Sol atraviesa la ventana, y solo un dedo ígneo recorre su cuerpo desnudo, improbable número de días sin comenzar a dejar de verla desnuda ves como se detiene donde más te gustaba hacerlo a ti, sobre el delicado hueso de la cadera, sobre la sugerente clavícula y ella goza mirando al cielo con los ojos cerrados y su boca entreabierta nunca había estado tan roja. Como la sangre. Estás sangrando. Te dije que no golpearas a las paredes.

Existe, claro, otra vertiente, la lúdica, que pasa por vivir intensamente los momentos queriendo hacer tuyo el presente. Pero. Es. Tan. Breve. ¿Has visto una puerta negra? No es negra. No es una puerta. Es el espacio vacío que queda bajo un dintel y dos soportes. Rocas. Arena. Playa. Comienza el espectáculo. Termina el espectáculo. "¡Ha sido genial!" "¡Ha sido la hostia!" "¿oye, cual han tocado la segunda?" Como vas a recordarlo. Peleabas con la jauría y ahora vienen a por tí, esta vez te han encontrado. Había un lugar para ir en estos casos, había una clave. Encuentras la pared blanca y gris, la cañería el bajante los ladrillos, los cables y la escalera. Hacia arriba. La luz de su habitación está encendida, ella te esconderá en su regazo, todo va a salir bien. Todo va a salir. Bien. Salir. Bien. Sal. Ahora.

¿Cual sería, en fin, la conclusión? Poco se puede hacer con tan torpe devaneo, vigila tu espalda, trata de encontrar los momentos de RESPIRAR. Escóndete del Sol, pero no demasiado. Vigila tu cartera y tu halitosis. No tosas. Que no cunda el pánico, y detén los espejos, y detén los relojes de arena en las pupilas. No pactes con más de dos diablos, y sólo si tienes la baraja mágica y el silbido de rubí.

Mientras, ella se aleja caminando con descaro, su vestido azul azotado por el viento, sus zapatos sobre el hombro, el polvo se enreda en sus tobillos pero ella no tropieza, se detiene una furgoneta blanca. Sube. Y tu te quedas sólo en el atardecer rojo, señor de los lagartos, sentado en una roca.

Para finalizar te diré que este viaje es nada más que el principio. Una carretera negra con franjas amarillas, perdida y plagada de cambios de rasante se extiende ante tí. Tu sabrás si eres o no el fugitivo. A los demás lo único que nos importa es que mañana haya otro capítulo.

Estoy aprendiendo cosas nuevas.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Writting

In some poetical way, i’ve no words when i try to write in a different lenguage. If i have to think in english (for example, is for me the easiest form), i can think but i not find the words. So in conclussion, lenguage is not necessary to think. But is so fucking necessary for write.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Encuentros con la Farmena I

Foto: Ruinas apócrifas de Olimpia. Valladolid, a la altura del puente de la Hispanidad.


Cuantas veces he añorado, en la solitaria cerrazón de mi talanque, aquellas noches fúlmigues de la Farmena, cuando todos esos, mis drugos, que ahora no son mas que polvo y rascaduras, vitoreaban mi nombre y yo, a mi vez, los suyos; y en las dándricas estancias del Club de las Almas Perdidas celebrábamos con poroso ánimo la eternidad de las vidas perennes y la fugacidad de las volutas asiánicas. Entonces siempre había un momento para recordar viejas historias y entrechocar copas y jarducas con los fantasmas de dinastías malditas: la Farmena nos permitía verlos y escucharlos y ellos siempre querían unirse a la orfía, pero era gente peligrosa y lo mejor era no tercozar con ellos. Así departimos con Pélope y su descendencia que acaso fué más alta que él mismo, pero no todo el mundo puede jactarse de darle nombre a una península, y al provenir yo de una que etimológicamente es tierra de conejos he de cederle el honor más grande a este monarca que fué dos veces cocido. Complacidos escuchábamos como narraba su historia al son de unos yambos ditirambos bien atonales.

Pélope nació de un rey de Lidia inmensamente rico, que frecuentaba a los dioses en la mejor de las acepciones de este verbo: solía compartir con ellos todo tipo de dídricos encuentros, se sentaba a su mesa y ellos a la suya, y los honraba con néctar y ambrosía, cuyo consumo debía producir un efecto muy similar al de nuestra querida Farmena. Este monarca, Tántalo de nombre, invitó a los Olímpicos a un banquete en el que, como plato principal y sacrificio, les ofreció a su hijo descuartizado servido púdicamente en un gran caldero de bronce natural. Los dioses observaron el infantil despiece y no probaron nada, puesto que la cabeza del niño aún miraba con asombro a sus comensales. Solo Démeter, distraída, pegó un bocado de la paletilla tersa y nívea del pequeño Pélope. Zeus el Barbudo se levantó colérico y blasfemante, maldijo a Tántalo y ordenó a su Hermético descendiente que recompusiera el destrozo. Depositó el Trismegisto todas las partes dentro del caldero, volvió a cocerlas y después una de las Moiras las cosió como a una muñeca de fardo. Démeter tapó el agujero que sus divinos dientes habían producido en la espalda del muchacho con un trozo de marfil, Rea le insufló aliento y Pan danzó de alegría. Poseidón, que había estado muy callado, vió al hermoso mancebo recompuesto y decidió raptarlo para gozar con él de los placeres órticos y hacerlo su copero.

Cuando a Pélope le creció pelo en la barba, dejó el reino marino para reclamar el trono de su padre, y una vez coronado decidió buscar esposa. Llegó a la divina ciudad de Olimpia en busca de la princesa Hipodamia para desposarse con ella. Pero el padre de esta, Enómao, gozaba demasiado de los vicios de la carne con su hija para desposarla con un extranjero. Trece pretendientes decoraban, privados de todo aquello que antes habían tenido por debajo del cuello, trece picas de madera frente al palacio sólibre de Enómao. El rey retaba a los pretendientes a una carrera de caballos y siempre vencía, pues su carro era tirado por criaturas de Ares. Pélope se rascó las costuras y decidió que no deseaba ser desmembrado de nuevo, así que reclamó a su sódomo amigo Poseidón ayuda en ese desafío. La marina deidad prestó a su copero cuatro caballos de los que agitaban la tierra y coronaban la espuma de las olas, para asegurarle la victoria. Cauto desde la primera cocción, Pélope ideo un plan para que la la derrota no pudiera, aún así, soprenderle. Visitó a escondidas a la hermosa Hipodamia, que por las noches tomaba la forma de una yegua leuca y esta se enamoró de la marfileña espalda de su futuro esposo; de modo que, en favor de este, la princesa prometió al auriga de su padre, el torpe Mirtilo, saciar sus deseos amatorios a cambio de que sustituyera el férreo eje del carro paterno por una barra de cera. Mirtilo deseaba a Hipodamia más que a nada en el mundo, y aguijoneado por Afrodita y Eros accedió concupiscentemente.

El dia de la carrera Enómao sacrificó un cordero negro a su padre Ares y vestido solo con una capa y un yelmo montó en su vehículo, tan seguro de su victoria que permitió a Pélope partir con antelación. Cuando el rey estuprador salió a la caza del pretendiente de su hija, las ruedas del carro salieron despedidas, acabando el monarca alegremente pisoteado por sus fieros caballos mientras maldecía con su último aliento al torpe Mirtilo, quien sintió el temor aferrarse a sus gombas. Pélope recogió a Hipodamia y al auriga, y con los caballos de Poseidón salieron volando hacia Eubea, donde los dos amantes arrojaron al vacio al tercero, que hacía de lastre. Mientras caía, Mirtilo maldijo a la descendencia de Pélope. Este hizo oidos sordos y con su botín regresó al palacio de su padre.

Los años pasaron y los reinos de Pélope se extendían ahora por toda la península, y llamó a su imperio Peloponeso. Era Pélope un hombre muy cuerdo, y todos reíamos con gran risa cuando nos narraba como, tras no poder vencer en batalla a Estínfalo, rey de Arcadia, le invitó placidamente a cenar en su palacio. Esa noche, cuando el arcadio se disponía a tomar la última copa, Pélope lo hizo descuartizar como muestra de afecto. Estínfalo no supo apreciar esta tradición y falleció.

El rey recocido tuvo veintidós hijos con la mujer-yegua, pero su favorito era el vigésimo tercero, Crisipo, hijo bastardo que había engendrado con la ninfa Axíoque en una playa eutrópica. Crisipo era muy hermoso, y cuando estaba a punto de llegar a la pubertad Pélope se cuidó de que fuera raptado por Layo de Tebas, para que gozara él también de los placeres órticos que tan buena suerte le habían dado a él en su juventud. Baste decir que Layo no era Poseidón. Hipodamia se sintió ofendida al ver que el favorito y heredero era el bastardo, después de haber parido ella a veintidós criaturas legítimas, y confabulada con sus dos hijos mayores - Atreo y Tieste - fué hasta Tebas y mató a Crisipo con la espada del viejo Layo. Encolerizado, Pélope profirió alaridos hasta que temblaron los sótanos, desterró a su esposa y a sus dos hijos mayores y los maldijo.

En el exilio Hipodamia, azotada por la culpa y las pesadillas erínicas, se suicidó. Pero Atreo y Tieste visitaron a la Pitia de Delfos, donde les fué revelado que un hijo de la mujer-yegua heredaría el vacante trono de Micenas. Así que se encaminaron a ese reino, planeando ya el uno como matar al otro subrepticiamente, mientras reían al son de los dombones y juraban lealtad eterna a su gloriosa estirpe.

Ya viejo murió Pélope. Sus restos, junto con los de la esposa que repudió, fueron enterrados en Olimpia, donde recibieron culto por muchos siglos.



Foto: Hipodamia, su madre, Pélope, Enómao, Mirtilo, Eros y Afrodita.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Light my fire

Foto: Una llama joven ejecuta su famosa danza de "Desciendo por un palo y si puedo te muerdo un dedo". Valladolid.

It was the greatest night of my life
Although I still had not found a wife
I had my friends right there beside me,
very close together
We scaled the wall
We tripped through the graveyard
Ancient shapes were all around us
No music but the wet grass
felt fresh beside the fog

Two made love in a silent spot
one chased a rabbit into the dark
A girl got drunk and balled the dead
And I gave empty sermons to my head

Cemetery
cool and quiet
Hate to leave your sacred lay
Dread the milky coming of the day
I'd love to stay
I'd love to stay
I'd love to stay

"Graveyard Poem", Jim Morrison


El fuego es un depredador alocado. Clava su colmillo en algo y lo devora ferozmente hasta que él mismo desaparece con su presa: cuando ya la ha consumido es cuando de pronto se asusta y empieza a buscar desesperado alguna otra cosa a la que hincar el diente. Pero está limitado en sus movimientos, necesita de la ventura de un golpe de aire y el aire es perezoso y caprichoso; claro que hay vetustos vientos que metódicamente, desde hace siglos, soplan en tal o cual dirección en determinadas zonas, pero es raro que estos aristocráticos señores se mezclen con el salvaje fuego. Así que en su postrero momento implora a los vientos su favor o morirá irremediablemente, mezclados sus rescoldos tristes (tristes y aún así orgullosos, amenazadores, acechantes) con los despojos de sus víctimas. Su comportamiento es tan simple y previsible que el hombre lo domesticó mucho antes que a numerosos animales idiotas. Pero no le perdáis al fuego el respeto que se merece: es predecible pero irracional, y la ilusión del control ha sido la perdición del ser humano ya tantas veces que, visto de lejos, resulta en ocasiones tan bruto y torpe como su ígneo esclavo. ¿Pues cual es el verbo del hombre, si es el del fuego quemar?