jueves, 17 de enero de 2008
Gnossiene
-El primer requisito es ser un alma perdida. Están prohibidos los turistas. ¿Qué pasa cuando un alma perdida deja de estar perdida?.
Alabama sonríe mientras friega los últimos vasos. Lincoln, Martin y Sacca barren la pista. Entonces me responde, con una mirada misteriosa.
- Las Almas Perdidas siempre serán Almas Perdidas. Lo son por decisión propia y ya no pueden ser de otra forma. Y cuando un Alma Perdida se encuentra con otra no dejan de estar perdidas, simplemente ha sucedido algo extraordinario: han encontrado a alguien con quien perderse...ahí tienes a esos dos, los de la esquina.
Cierto que no me había fijado en ellos. Un hombre y una mujer sentados en una mesa. Tenían frente a sí dos copas que ni siquiera habían tocado. Los observé durante un rato, no se movían a penas, estaban detenidos mirándose el uno en los ojos del otro. Él acariciaba muy suavemente el rostro de su compañera, ella enredaba dulcemente sus dedos en los cabellos de su compañero. Encendí un cigarro y di un sorbo a mi cerveza. Entonces me percaté de que se movían de otra forma, muy lentamente, de forma imperceptible, parecían estar rotando inmóviles el uno alrededor del otro, dibujando una espiral entorno a sí mismos.
- Son ellos son los culpables.- dijo Lincoln.
-¿Los culpables de qué?
- Las Almas Perdidas que se encuentran-contestó Sacca.
-¿De qué tienen la culpa las Almas Perdidas que se encuentran?.
- De que no haya un sólo ladrillo con forma de ladrillo, ni una sóla viga recta - señaló Martin - y de que las baldosas ya no sean cuadradas. De que surjan nuevos recovecos que deben ser barridos aquí y allá...
Volví a mirar a la pareja sorprendido.
- Así es - susurró Amanda a mi oído - ellos son los que hacen girar este mundo...
lunes, 14 de enero de 2008
La misma puta historia todos los días
A Blanche DuBois.
- ¿Te conté lo que le pasó a Armand?
Claro que me lo has contado, Sussie. Me cuentas la misma puta historia todos los días.
- En aquella época vivíamos en Phraxos, en una casita blanca junto al acantilado. Toda la zona estaba llena de olivos y Armand tenía alergia a los olivos.
Armand, el hombre que se folló a una puta ninfa.
- Una noche de mayo salió fuera de la casa, se puso malísimo pero estaba harto de estar encerrado dentro todas las tardes. Se hizo de noche y aún no había vuelto, así que salí a buscarle. Entonces empecé a escuchar "ahhh. ahhh.", jadeos y pienso "Armand con un ataque de asma". Echo a correr asustada y finalmente lo encuentro bajo un olivo enorme... ¡follándose a una puta ninfa!
Ahora viene la parte en que le arranca la cabeza. Y yo acabo de cenar...
- Sussie
- ¿Qué?
- Sussie, ya me has contado eso. Me cuentas la misma puta historia todos los días.
No debía haberlo hecho. Ahora, como todos los días, se pone a llorar.
- Shhhh, bueno, tranquila - la abrazo mientras solloza y siento el calor de sus lágrimas en mi cuello - ya pasó.
- ¿y... y ... entonces ya sabes el final de la historia?
Lo sé. Pero que mas dá.
- ¿Qué pasó?...
- Entonces... entonces... -sorbe su narizilla roja - entonces yo grité "¡Armand, que cojones estás haciendo!" y la ninfa se me quedó mirando, luego miró a Armand con furia y pegó un rugido y le arrancó la cabeza de un mordisco. Desapareció entre el follaje...
Demonio, esta explicación es mejor aún que la del domingo pasado. Sussie lloraba. Y yo entonces tenía que decir:
- No fué así, Sussie. - Sussie me observa con extrañeza. Yo tomo aire. - Estábais en Tánger poniéndoos hasta las cejas de todo, viviendo en una chabola de mierda. Un día Armand fué a pillar jaco y tardaba mucho. Fuiste a casa del camello y te los encontrastes a los dos, Armand y el camello, follándose a una putita tailandesa que no tendría ni trece años. Entonces cogiste el .38 de la mesilla del camello y les volaste la cabeza a los tres.
Me mira con cara de ofendida. Como siempre.
- No... - sus ojos comienzan a girar enloquecidos - no a los tres...
- Si.
- No a los tres...
- Si Sussie. A los tres.
Sussie se rompe en un llanto terrible. Los primeros días era estremecedor. Ahora sólo es terrible. Cruje una cerradura, el celador abre la puerta.
- Lo siento, señor Graco. La visita ha terminado.
Y me alejo de tu celda oyéndote gritar, y maldecir mi nombre, rogar un pico sollozando...y yo sólo deseo salir fuera para poder encenderme un cigarillo.
Hasta mañana, Sussie.
miércoles, 2 de enero de 2008
Cómo me hice un nudo
Te vi pasar muy rápidamente junto a mi, tu aroma quedó prendido en el aire y sentí de nuevo como las viejas luces se encendían, centelleaban en mi pecho y respirar volvió a convertirse en una caricia. Y yo como un idiota o bien me quedaba parado o bien te perseguía dando saltitos ridículos y riendo como un demente. Entonces te detuviste frente a mi, me aproximé, a unos centímetros -todo sucedió en ese breve pulso de eternidad-, yo convertido en estatua de piedra y tu reflejando todos los colores visibles por el ojo humano y varios que no había visto nunca antes. Echaste a correr, y seguí quieto, miraste atrás, seguiste corriendo y entonces lo supe, entonces corrí, corrí tras de ti con todas mis fuerzas hasta que el aire se inflamó e incluso después, e incluso después aún -de nuevo hay músculos y fibras bajo esta piel macilenta- y así habría de seguir y sería un buen ejercicio, pero por otro lado es tentadora la posibilidad de atraparte y reir contigo
tal vez bajo un Sol frío,
tras una nube seca.
jueves, 6 de diciembre de 2007
Niebla
Mira a Louie. Se acerca al triste Jacques, al grisáceo Jacques, y le dice “Hola, Jack. He venido a buscarte, baila conmigo”. Y la música de las polillas y los murciélagos y el lento fluir del Sena, y los distantes ecos de los coches pasajeros, de los camiones de la basura, de los vagabundos y los borrachos sacudiendo sus pies plomizos contra el suelo de granito se convierten en orquesta y todo ese París, nuestro París, interpreta un vals triste y giramos a su son. Ella es, claro, más alta y brillante que él, pero mi esfuerzo trata de compensar al menos el cuadro para que no resulte ridículo y le calzo unas botas camperas con un tacón de casi cinco centímetros. Y cuando se encamina la mejor parte una risa nerviosa entrecruza, tal vez no pueden sostener sus miradas sin deslumbrarse de ese modo y es extraño pero es demasiado hermoso para no serlo. Yo, espectador casual, enciendo un cigarrillo que intercambié a un tirado el lunes pasado en la estación de autobuses de Madrid: el me pidió un euro para llamar por teléfono, y yo lo troqué por un cigarro que no fumé al considerar después que me había salido demasiado caro como para malgastarlo.
Hay un momento indeterminado en el que todas las luces se cruzan y señalan a una misma dirección y entonces se escucha el rumor del público que sospecha que está a punto de levantarse el telón de un modo u otro.
Jacques y Louie se sientan exhaustos en un banco de piedra, observan el reflejo cambiante de la Luna, los miro y secretamente envidio que sean dúctiles y maleables y yo no sepa aún domar los vientos para atarlos a mi espalda y que me conduzcan cerca de ti y aún así te deseo en silencio a mi lado, distante o más cerca quizás, quizás tras mi espejo, quizás tumbada a mi lado leyendo mis labios; y odio a mi alma por no ser sólo poesía, por no poder vivir vagando entre encabalgamientos y metáforas y otros tropos de nombre exótico y acercarme de este modo a ti en este estado sublimado, transfigurado, trascendente, sin que sea necesario que nuestros cuerpos se acerquen un milímetro más y por otro lado cuando la parte dramática del vals arranca con su aceleratto y su cescendo necesito girar alrededor de algún epicentro sintiendo veraz el tacto de tus manos y estrellar un vaso contra la pared y ser temible y admirable siervo de tu presencia arrullante.
Ululan los colores del arco iris de la noche, siempre ha de ser de noche excepto cuando saques las flores a la ventana,
ya sabes,
al balcón de Montmatre desde donde me ves pintando palabras rotas y uniéndolas mediante humo. Y espero entonces a que nadie mire, subo a un taburete del café (los mimbres deshilachados a penas se sostienen unos a otros) y grito y canto desafinado para que me oigas y bajes y todos acudan de nuevo y adivinen quién es el poeta cuyos versos tienen mejor destino. Entonces saben bien lo que va a suceder acto seguido: la ciudad se vuelve orquesta y giramos y el mundo se detiene en ese punto porque existen fuerzas que escapan a la razón e incluso al sueño de la.
Pero no son mas que marionetas, se baja el telón y sólo aplauden los que se han dormido antes del princpio, pues Los Despiertos conocen la terrible verdad: su tragedia es ser de madera y trapo, de barniz, y el titiritero se aleja con sus sueños metidos en una maleta vieja.
Y entonces resulta que se encuentra contigo.
jueves, 29 de noviembre de 2007
Lecturatura
usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no
servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me
duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las
nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus
rostros. Qué diablos.
Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina
siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un
modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar
es también una máquina (de otra especie, una Contax 1. 1.2) y a lo mejor
puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo, tú, ella-la mujer
rubia-y las nubes. Pero de tonto sólo tengo la suerte, y sé que si me voy,
esta Remington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de
doblemente quietas que tienen las cosas movibles cuando no se mueven.
Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es
que todo esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto, que estoy
menos comprometido que el resto; yo que no veo más que las nubes y puedo
pensar sin distraerme, escribir sin distraerme (ahí pasa otra, con un borde
gris) y acordarme sin distraerme, yo que estoy muerto (y vivo, no se trata
de engañar a nadie, ya se verá cuando llegue el momento, porque de alguna
manera tengo que arrancar y he empezado por esta punta, la de atrás, la del
comienzo, que al fin y al cabo es la mejor de las puntas cuando se quiere
contar algo).
De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a
preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente
por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece
que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en
seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo
hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién
entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo
sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y
contar, porque al fin y al cabo nadie se averguenza de respirar o de ponerse
los zapatos; son cosas, que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro
del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio
roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la
oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo,
siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago..."
Para leer completo este cuento de Cortázar que inspiró el guión de BlowUp, pinchen en el enlace este y vayan descendiendo por el scroll de la página en cuestión.
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lunes, 26 de noviembre de 2007
Disfraces
Tomé mi sombrero y me levanté de la silla. Me dirigí a las escaleras de caracol, bajando de la balconada a las selectas mesas junto a la pista de baile. Dejé la gabardina caer sobre la bandeja de una camarera reluciente que la atrapó con habilidad y luego la lanzó a la tercera base mientras me acercaba a tu mesa. Sabía que no me reconocerías, aunque cerca de tí me sentía de nuevo como el de antes, pero había cambiado tanto desde entonces que no podrías encontrarme y menos aún con la mirada turbia llena de ron La Pinta. Saludé a la nuca amablemente, respondió esta gentilmente con una voz que venía como de muy lejos y luego te miré a tí para pedirte un baile. Cortesmente liberaste en mi rostro un nuevo humo para la historia de los que recorren vagabundos este club añorando los labios de quien los expulsó, dibujaste una O perfecta tras una N rotunda.
Salimos a la pista y con el primer paso te atraje hacia mí
y sentí tu aliento tan cerca de mi oído
de nuevo.
Cada vez que
con la cadencia de la danza yo
te llevaba hacia
atrás
el hechizo se hacía mas fuerte,
el brillo en la pupila dilatada más intenso,
el rubor acudiendo a tus blancas mejillas competía
con el color de tus labios húmedos y entreabiertos que
se
aproximaban
a los míos
y los acariciaban de forma
imperceptible,
a un nivel
cuántico.
Con un suave giro a la izquierda finalmente te incliné hacia atrás al finalizar la canción y los aplausos que eran para Connie parecieron para nosotros.
y nunca
sábado, 24 de noviembre de 2007
Hielo
Se sienta en una esquina oscura - todas las esquinas son oscuras, si bien no todas las esquinas son esquinas tal y como las concebimos en el mundo exterior – jugueteando con los cubitos de una copa de hielo con cola. El agua sabe cantar al son que ella le marca, y tiene comprobado que tres o más hielos en un vaso estrecho entonan madrigales de Orlando di Lasso o poemas sinfónicos de Schönberg; dos hielos componen una fuga de Bach, y uno solo arranca los acordes minimalistas de Eric Satie, las cristalinas notas de Sigur Ros o tristes baladas de Jeff Buckley; cuando comienzan a tornarse líquidos coquetean con Danny Elfman y Ravi Shankar.
La vida de una musa es dura, tienen que acompañar a artistas neuróticos y elegir muy bien a quien le conceden sus favores, puesto que son muy pocas y los artistas son muchos y muy diversos. Casi nunca trabaja cuando está en el Club, resulta muy inadecuado interpelar a una musa cuando está de copas; eso es un alivio, por un lado, pero tiene como contrapartida que las musas se sienten siempre un poco solas: nadie quiere parecer maleducado y muy poca gente les da conversación, porque después de todo hablar con una de ellas suele producir el mismo efecto que recibir sus dones. Entre los parroquianos del Club, por cierto, abundan los artistas, y muchos las miran con ira o despecho. Y es verdad que son caprichosas, que son volubles, que su gracia es eterna y efímera. Otros temen no estar a la altura. Sea como fuere, ella hace cantar a los hielos y escribe en un libro de hojas otoñales que guarda celosamente en un bolso fabricado con tela de juicio. Muchos querrían saber que escribe, seguros de que se trata de una obra pura e insuperable. Yo, personalmente, creo que no. Creo que escribe sobre cosas sencillas, sueños y anhelos de una adolescente demasiado madura para tener ilusiones y esperanzas para si misma. Es tímida y siempre quiere bailar, pero le aterra salir sola a la pista y que las bailarinas traten de atesorar para si sus coreografías y la observen e imiten; tampoco puede salir acompañada, porque eso despertaría los celos de todos los demás de una forma demasiado evidente. A parte de todo eso, lleva tantos años pisar la pista que el mero hecho de que decidiera hacerlo llamaría la atención de todo el mundo y se sentiría ahogada bajo la responsabilidad y el peso de tanto curioso observador. Así que se sienta sola, se siente sola y juega con los hielos. Su cabello es negro y flota ingrávido sobre sus hombros, sus ojos tal vez sean marrones, sin duda brillantes y su pupila, como la de todas las musas, es un eclipse negro, un hermoso espejo que muestra a quien la mira lo que realmente desea ver: su propio rostro.
Y yo, que me contento con contemplarla, soy el centro de las envidias de los demás: me acerco a ella cuando ya debe de ser tarde – es imposible saber que hora es en el Club de las Almas Perdidas – me siento a su lado, sin haber cruzado jamás palabra con ella; me mira cansada y, nostálgica de algo que aun no ha sido escrito, deja caer su cabeza sobre mi hombro, llora en silencio y yo le concedo el don del Sueño.
Conozco un secreto, su secreto de musa nocturna. Quiere unas alas. Por eso la amo.
Pero si le diera lo que ansía, volaría lejos de mi.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Encuentros con la Farmena I
Ya viejo murió Pélope. Sus restos, junto con los de la esposa que repudió, fueron enterrados en Olimpia, donde recibieron culto por muchos siglos.
viernes, 9 de noviembre de 2007
Psique
Sonido entrechocante de metal
y escombros
dolorosa viga, quebrada luna
y cristal
Temblorosa puerta blasonada
vetusta
Descenso profundo y prohibído
Lo fácil es salir del Infierno
La ruina te acontece
al volver la vista atrás.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
con el lustre de la lluvia
que mañana sería barro levantado
por las ruedas traqueteantes de los carruajes.
Los adoquines de la calle relucían
con el lustre de la sangre
que mañana no sería ya ni mancha,
ni recuerdo."
J. Percipied
LEYENDAS NEGRAS: DIZZIE GILLESPIE
Le pido a Alabama el combinado y con una sonrisa me presenta el vaso
- Su Sax on the Bitch, Mr. Gracus.
- ¿Sax on the bitch? ¿es broma, o estás mascando chicle?
- Gracias, joven, - aún suda música - gracias.
Cuando termina de darle el primer trago, me atrevo a preguntarle.
- ¿Es un cóctel típico de la gente del jazz?
- Oh, - Gillespie chasca la lengua- no muchos se atreven con esto. Lo inventó Sean “Torch” Williams.
- Nunca lo había oído mencionar. Al tal Torch, me refiero
- Oh, amigo, ese tipo si que sabía tocar el saxo. Yo diría, y muchos estarían conmigo, que estaba por encima de Bird. Si me invitas a otro cuando acabe este, te contaré su historia
- Eso está hecho, señor. Hábleme de él.
“Torch tocaba con Roach y Mingus en Nueva York cuando la cosa por ahí empezaba a estar caliente. Al principio lo llamaban Snow porque aunque de padre y madre negros él era albino, no me refiero a un blanquito como tú, era tan negro como yo, pero sin pigmentación en la piel. Tenía el pelo y la piel tan blancas como la ceniza desde que nació, y los ojos como verdaderas ascuas, como pozos del infierno. Solía acompañar a los buenos, sin que le dejaran destacar mucho, pero el tío podía hacer mucho más.
“Entonces un dia estaba tocando Parker y llenándolo todo de cuervos y todos estabamos maravillados de lo que estaba haciendo. Cuando terminó la historia Snow se acercó a él, no se que le dijo, pero le quitó del centro del escenario y tocó un riff increíble. Charlie lo dobló. Comenzaron a competir, o a conversar, y cada vez eran riffs mas largos y complicados. Entonces Charlie hizo algo que no se podía superar, y yo que era el único sobrio de la sala me di cuenta de que todos los demás volaban, revoloteaban y buscaban sitio para anidar. Coño, nunca había oído algo igual. Yo miraba a Snow y le decía “chico, ha sido grande pero ahora debes aceptar lo evidente”. Pero el tío comenzó ha hacer cosas nuevas ¿sabes? Sonidos que nunca habíamos oído. Y de pronto todo a su alrededor empezó a arder ¿sabes como te digo? Te hablo de llamas de verdad, tío, fuego ardiente comenzó a subir por las cortinas, por el suelo, por el techo, y la gente comenzó a aterrizar y a darse cuenta de que ellos eran un todo con sus sillas y si estas ardían iban a ser jodidas teas en un par de minutos. Así que la gente empezó a chillar y a correr, unos fuera, otros a apagar el fuego, estaban todos borrachos, no se daban cuenta de lo que había que hacer. Pero Bird si, tio, Bird miraba al albino que seguía tocando y quemándolo todo, y el puto oxígeno burbujeaba, tío, así que hizo lo que había que hacer y le soltó un derechazo en toda la mandíbula, y a Torch se le escaparon todos los dientes y sólo Charlie y yo lo vimos con todo el jaleo, pero te juro que escupió fuego.
“Así que nos llevamos de ahí al pobre hombre, mientras los demás apagaban el fuego y Charlie le dijo “lo siento, pero no podía hacer otra cosa” “No pasa nada” bufa entre encías Torch. Y por eso lo empezaron a llamar así. Tardó mucho en poder volver a tocar, porque le habían destrozado la boca. Cuando se recuperó trató de buscar bolos por aquí y por allá, y lo que había querido conseguir compitiendo con Charlie Parker lo había logrado, ya era famoso. Pero corrían por ahí rumores de que él había quemado el club y de que era un tarado peligroso, y su aspecto no ayudaba, daba mucha grima, en serio. Así que ahora todos sabían quién era, pero nadie le quería, ni aquí, ni allá, y los muchachos de la banda estaban acojonados, y Torch se comenzó a poner de mala leche de verdad. Una noche en la puerta del Milton’s Playhouse, donde estaba toda la flor y nata, el tio se presenta antes de que abran las puertas, con toda la gente fuera, y empieza a tocar, lo mas acojonante que he escuchado nunca; se nos saltaban las lágrimas y todos pensábamos “pobre Torch, que genio, que diablo”. Pero entonces volvió a pasar lo mismo, la cosa fue subiendo de temperatura y al rato estaban ardiendo todos los coches y esa mierda de alfombra roja que les dio por poner cuando el club dejó de ser un sito familiar para ser el lugar más turístico de Harlem y todo el mundo corría en desbandada. Esa fue la última actuación pública de Torch, que se sepa.
“Yo intenté ayudarle, le busqué un par de garitos pero nadie lo quería, ni bajo la promesa de tocar suave. Le dejé pasta alguna vez, pero el tío se enganchó a toda la mierda que circulaba por ahí, decía que así podía controlarse, pero la verdad es que yo nunca le volví a ver tocar. Le largaron de la pensión, y también de las casas de los pocos amigos que le quedaban; cada vez andaba peor de la azotea, eso estaba claro, y algunos nos sentíamos culpables. Porque todos sabíamos que era injusto, que seguramente no había ni habría nunca mejor saxo que el de Torch Williams. Pero el tio no tenía control, y eso fué lo que le llevó a la ruina.
“Me enteré por un par de fulanas de que vivía en una azotea abandonada en Queens y que por las noches se podía oír la lejana melodía quebrada e incluso divisar algún fogonazo a traves de las ventanas rotas. La última vez que le ví fué en el club, no recuerdo cual, había tantos… Williams parecía un fantasma de si mismo, que ya era decir; había cambiado el blanco por un amarillento hueso, estaba tan delgado que su rostro parecía una máscara, y todo cubierto por cicatrices de quemaduras. Entró, fue a la barra y pidió una copa pero el camarero no le quiso servir. Así que se fue a una esquina y se quedó como una estatua, con el viejo saxo lleno de hollín en la mano. Algunos pensaron que el loco de Torch iba a desatar un infierno. Entonces llamó con un silbido a una de las fulanas que pasaba y le dio su saxo “a cambio de algo bueno para beber”. La furcia fue a la barra y habló con el camarero que en el fondo no era mal tipo: le preparó este brebaje que ves aquí. La furcia se quedó con el saxo y ya ves de donde le viene el nombre a la bebida, no se a quien se le ocurrió pero no le dio muchas vueltas. Creo que fue a mi.
“Torch apuró la copa y se marchó con las manos vacías. Pensábamos que cualquier mañana lo encontraría la pasma en un callejón o algo así. Pero Sean Torch Williams no iba a morir como un yonki cualquiera, no. Una noche estábamos viendo a Charlie en Birdland. Parker no andaba ya muy bien, también estaba enganchado a toda la basura y ya no conseguía sonar igual que antes, aunque seguía siendo Bird. Aún así le habían dado un toque los de la discográfica, porque tenía que cumplir su contrato; Pero Charlie Parker no sabía que podía ofrecer ya. Entonces Eddie Hughes, al que llamaban Maître, su camello, le comentó no se hablando de qué, que no hacía mucho había tenido que echar a Torch de su felpudo, llorando por otra dosis. Charlie entonces pensó y durante días lo buscó, movió a todo el mundo para encontrarlo, porque hacía mucho que nadie sabía ya de él y todos lo dábamos por muerto. Al parecer Charlie lo econtró, habló con él y le regaló un nuevo saxo y algo con lo que pasar un rato sin dolor. Le ofreció grabar con él y Torch se derrumbó.
“El día antes de la grabación se puso a ensayar en una nave abandonada que le hacía de casa en esos tiempos. Tras años volvían a brotar las notas de su boca. Mucha gente dice que lo escuchó, que pasaba por ahí o que conoce a alguien que escuchó la última melodía de Torch Williams. No creo que sea cierto. Pero lo que si es cierto es que esa noche se desató un incendio terrible en el muelle, y que cuando los bomberos terminaron de apagarlo, al día siguiente, encontraron un saxo fundido a la mano de un cadáver calcinado…”
Goyo Graco, en WeltschmerZ V
lunes, 8 de octubre de 2007
Mil veces me maldigo
- En serio ¿donde has puesto mis pies? - Yo, en plena orfía me doy cuenta de que no tengo pies y de que la cabeza se me estraperla.
- Anúlalo, anúlalo todo rápido y tráeme unas patatas peladas. ¿Tú que tomas? - la pregunta resuena en el espacio oscuro que rellena lo que hay bajo un arco de medio punto.
Suena un jazz rítmico y casual, los donfones ejecutan su melodía mientras los tridigibles se ciernen conteniendo el aire. La palabra confuso carece de sentido. Ahora soy consciente de qué es lo que tienen en común una célula y una loncha de chopped: ambas están rellenas de si mismas. Todo carece de sentido y eso precisamente es lo que lo hace real, aunque aún nos preguntemos que pása cuando la ligasa se desparrama por el suelo, y por qué tienen gafas las toxinas. Joder, un lisoma se parece a la bola de Toni Manero, y que más da, a lo mejor es una bola y creemos que se parece a un lisoma. Ya limpiarán mañana, si es que existe un mañana en este lugar.
- Tolomeo, a ser posible.Tomemos unas jarducas y cantemos hasta el amanecer, como en una película de Charlie Kiesloff.
- Sí, eso ¡ y cacahuetes!
El mástil toca ya el alboredo y todo parece rotar de forma dándrica. Otra hermosa Orfía en el Club de las Almas Perdidas.
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