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jueves, 29 de noviembre de 2007

Lecturatura

Extraído de la conferencia pronunciada por Henry Bandini la noche del 28 de noviembre en El Club, con el título de LA LECTURATURA:

"Hablemos, en principio, de las bases que constituyen este sistema, teniendo en cuenta que esta denominación la utilizamos por mera comodidad y en un ambiente almibarado y distendido. Existen una serie de elementos técnicos, tomemos por ejemplo uno y luego otro: al poner el uno sobre el otro vemos como ni se dan sombra ni tampoco destacan por su transparencia, solo que al unísiono resultan constituir algo diferente que vistos de forma individual. No hay que perder de vista la función rítmica del sonido ni tampoco hay que reflexionar en demasía sobre los aspectos menos luminosos del concepto en si, toda reducción conceptual implica una pérdida del sentido inherente. En base a esto y al saber acumulado de cada cual, la capacidad de comprensión más allá de toda duda nos resulta equívoca, confusa, falsa. Vemos, por ejemplo, el caso de las moscas del vinagre, invertebrados estúpidos que sin embargo son la clave de todo razonamiento que se precie de científico y positivista (descartando todas las connotaciones negativas que este término ha ido recogiendo con el devenir de los años y de las corrientes interpretativas). Y he ahí el quid de la cuestión, como la calidad no puede medirse per se, no existe un baremo comparado y aceptado de qué es lo que posee la calidad y que es lo que no, depende en gran parte de las cualidades interpretativas del autor-receptor. Suponed que Chopin escribe una balada, y para escucharla necesita ser tocada, y cada oyente debe hacer su propia interpretación musical, al piano, de la misma: habrá con seguridad muchos que, frustrados en su inoperancia, consideren que esta obra es pura basura; habrá algunos que sepan penetrar en ella y poner lo que falta, es decir, el propio toque del intérprete. Carecemos de referencias en este sentido y es por eso que resulta tan placentero y a la vez tan peligroso. Hagamos una puesta en práctica con este guegalo que tengo paga vosotgos. Luego me contáis que tal. El Club de las Almas Perdidas se digna en presentar esta noche al gran Julio Cortázar:

Las babas del diablo

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda,
usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no
servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me
duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las
nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus
rostros. Qué diablos.

Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina
siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un
modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar
es también una máquina (de otra especie, una Contax 1. 1.2) y a lo mejor
puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo, tú, ella-la mujer
rubia-y las nubes. Pero de tonto sólo tengo la suerte, y sé que si me voy,
esta Remington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de
doblemente quietas que tienen las cosas movibles cuando no se mueven.
Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es
que todo esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto, que estoy
menos comprometido que el resto; yo que no veo más que las nubes y puedo
pensar sin distraerme, escribir sin distraerme (ahí pasa otra, con un borde
gris) y acordarme sin distraerme, yo que estoy muerto (y vivo, no se trata
de engañar a nadie, ya se verá cuando llegue el momento, porque de alguna
manera tengo que arrancar y he empezado por esta punta, la de atrás, la del
comienzo, que al fin y al cabo es la mejor de las puntas cuando se quiere
contar algo).

De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a
preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente
por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece
que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en
seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo
hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién
entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo
sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y
contar, porque al fin y al cabo nadie se averguenza de respirar o de ponerse
los zapatos; son cosas, que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro
del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio
roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la
oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo,
siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago..."

Para leer completo este cuento de Cortázar que inspiró el guión de BlowUp, pinchen en el enlace este y vayan descendiendo por el scroll de la página en cuestión.
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miércoles, 21 de noviembre de 2007

Conjugaciones



Corrías roja sobre el asfalto negro y yo verde y azul persiguíendote sobre los adoquines mojados, con las motoclicletas circulando en torno y a través de nosotros. No podías ser más prototípica: boina roja, cabello rubio, ojos azules, camiseta de rayas blancas y rojas, falda roja, botitas rojas reluciendo bajo la lluvia gris, gris como yo, el lobo que caza la niña (¿no hablé de tu bolso, tu hermosa billetera?). Los ojos fijados en los ojos y nada más, nuestra mirada extranjera se encuentra y la sonrisa que se eleva en tus labios es tan dulce que me trae aroma de sándalo. Hay una certeza en todo esto. No observé como las escaleras que escalabas con pasos ágiles, salpicando mi rostro miope nos llevaban a un punto más alto y cuando quise darme cuenta ya estaba cayendo y había perdido las gafas y había engordado tres kilos. Pero cuando bajaba encontré la certeza de tus ojos y me detuve a pensar si lo correcto sería fulminarse con el suelo o fundirse con él. Conseguí fundirme fulminado.

Quise ser un ángel caído, pero sólo llegaba a santo varón, por lo que decidí que con el diablo me iba a ir mucho mejor. Y tú no dejabas de correr roja sobre el asfalto negro. La noche nos alcanza (la noche nos alcanza siempre) y tu falda no parece ya tan corta, me esquivas entre las farolas y te escondes en bares infames. Te encuentro en los labios de otro y te pido que te bajes de ahí, que hay cantidad de infecciones peligrosas que pueden transmitirse de ese modo. El marinero de brazos peludos era una mala bestia de carga y no dudaría en partirme el cuello, y yo me preguntaba que te atraería de los hombres toscos y peludos, y la visión fugaz de vuestros cuerpos desnudos contrayéndose el uno contra el otro me resultaba repulsiva y excitante. Dirás que me lleva el morbo, la locura, pero en realidad yo te amaba y deseaba sólo para mi y cualquier otra verdad me producía una fiebre tifoidea. No paraba de sonar la misma música y yo sabía que debía marcharme, pero entonces me encontré con la certeza de tus ojos enmarcados en un Sol de pestañas. Así que te tomaba de la mano y te sacaba de ahí, te alejaba de la miasma y la peste y te refugiaba en mis brazos contraechos, te apretaba contra mi pecho mullido y lo endurecía para resultar más protector. Y el viento golpeaba mi cara mientras tus lágrimas humedecían mi hombro. Pero sabía que llegaría el día, zapatitos rojos, en que por mucho que buscara no te econtrara y cuando te hayara, al final, tampoco pudiera tener ya la certitud de tu mirada.

Vínculo

He tardado veintiséis años en darme cuenta: estoy torcido. Mi rostro está torcido. Hacia la derecha. Y el resto de mi cuerpo lo acompaña. Marco las doce y cinco. Soy más bajo de un lado que del otro, y eso está bien, porque tiene que ver con mi tono elevado y mi tono bajo. Ayer me dijeron que tenía que encontrar mi yo poético, pero ahora tendré que buscarme dos yos. Los tengo, de hecho. Jacques Percipied está retirado en un ático parisino, pero no de Montmatre, cerca de allí, del Barrio Latino, practicando qué habría pasado si Rimbaud hubiera decidido comenzar a los veinte años. Huele a kebab y hay fulares. Mientras, más bajito y feo, Goyo Graco frecuenta tabernas llenas de humo y juega con muertos a las cartas, bebe bourbon a morro y se va con esa y esa otra que están (para su desgracia) más borrachas que él.

En estado semiletárgico, escuhí a las marmopas caer y obisé pequéñas pétulas de polvo suspendidas sobre el parnasio .

Esas cosas dice.

Me fijé esta tarde, las gafas me quedaban torcidas, y el pelo también, aunque eso fuera diferente. Sonreí con media cara con franqueza, con la otra media con sarcasmo. Y lo ví claro.

Otra vez el Mito del Doble se aplica a Caín y Abel. Soy dos en uno. Desde esta noche, queda invitado Goyo Graco (soy yo, Percipied, quien pasea con las musas) a escribir en este blog.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Lejana Melodía


"Gabriel no había salido a la puerta con los demás. Se quedó en la oscuridad del zaguán mirando hacia la escalera. Había una mujer parada
en lo alto del primer descanso, en las sombras también. No podía verle a ella la cara, pero podía ver retazos del vestido, color terracota y salmón, que la oscuridad hacía parecer blanco y negro. Era su mujer. Se apoyaba en la baranda, oyendo algo. Gabriel se sorprendió de su inmovilidad y aguzó el oído para oír él también. Pero no podía oír más que el ruido de las risas y de la discusión del portal, unos pocos acordes del piano y las notas de una canción cantada por un hombre.
Se quedó inmóvil en el zaguán sombrío, tratando de captar la canción que cantaba aquella voz y escudriñando a su mujer. Había misterio y gracia en su pose, como si fuera ella símbolo de algo. Se preguntó de qué podía ser símbolo una mujer de pie en una escalera oyendo una melodía lejana. Si fuera pintor la pintaría en esa misma posición. El sombrero de fieltro azul destacaría el bronce de su pelo recortado en la sombra, y los fragmentos oscuros de su traje pondrían las partes claras en relieve. Lejana melodía llamaría él al cuadro si fuera pintor."

Fragmento de "Los Muertos", relato de James Joyce incluído en su obra "Dublineses"


Foto: A John Houston también le gustaba ese pasaje.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Ciego

Foto: Fotograma de Blind, film de Tamar van den Dop

"Atención, que vamos a empezar. Cuando hayamos llegado al final de esta parte sabremos más que ahora; pues esta historia trata de un duende perverso, uno de los peores, ¡como que era el diablo en persona! Un día estaba de muy buen humor, pues había construido un espejo dotado de una curiosa propiedad: todo lo bueno y lo bello que en él se reflejaba se encogía hasta casi desaparecer, mientras que lo inútil y feo destacaba y aún se intensificaba..."

Hans Christian Andersen - La Reina de las Nieves


Levantó la cabeza de su escritorio invadido por la angustia de saber que no había sido real y quiso quemarse, quiso arder, sacudirse por un instante el viento de encima. Ya no creía en ninguno de esos cuentos: Dorothy jamás habría sido ya feliz fuera del mundo de Oz, ni Alicia fuera del País de las Maravillas. Volver a casa...el ya no tenía casa. No después de esa noche.

¿Por qué iba a ser esto más real que su sueño? ¿No había danzado con la luz misma y ahora a su vista todo era borroso, todo era oscuro, todo era un engaño para sus sentidos? Y le preguntarían por su sonrisa amarga y sus ojos cansados, por su tez pálida y el brillo febril de sus pupilas. Pero no podrían entender que ellos mismos, para él, deformada su percepción, solo eran una parte más del engaño, una parte más de la misma mentira cruel, de la misma burla en la que la vida se había convertido tras soñar con esa estancia, con el aroma mismo de la vida, que no habitaría jamás entre asfalto y adoquines, entre el humo y el ruido grasiento y ácido de los coches.

Esa noche quiso volver a ella y dentro de si encontró solamente nieve. Invadido por el miedo rebuscó con apremio en el cajón superior de su mesilla, en ese en el que aparentemente sólo se escondían cuadernos llenos de hojas en blanco. Escarbó, sacudió, golpeó y por fin con las manos temblorosas sujetó entre sus manos un cuaderno verde forrado con hojas de verano que ya comenzaban a oler a otoño...




Vídeo: fragmento de la parte II y la parte III de Black Angel (George Crumb). Bailarín:
Stojan Kissiow; Coreógrafo: Mike Salomon.

martes, 18 de septiembre de 2007

Aquello que jamás estuvo escrito




Todo comienza con una chispa. Así debió ser también entonces. La primera vez.
Una chispa, y destello, el olor del fósforo ardiendo. Y luego la madera.

Abstraído en la llama, no se percataba de cómo esta trepaba hacia su mano, como un pequeño depredador con una vana esperanza de victoria, negada por un arrebato de consciencia, que le llevó a aproximar la diminuta antorcha al extremo de un cigarrillo. Una vez cumplida la función a la que esta explosión de energía estaba destinada, se desvaneció tras ser agitada de forma vehemente, hasta que solo restó una estela de humo.

El fuego, pensó, tiene tres estados: Potencial, cuando el elemento combustible está apagado, pero las circunstancias ambientales permiten su existencia, llegado el caso. Todo elemento combustible es, por tanto, y de forma lógica, fuego en potencia. El segundo estado es, a ojos inexpertos, el mas bello, cargado de fuerza, la combustión plena y rotunda. Finalmente, el tercer estado es un adagio maestuoso, donde el humo demuestra ser mejor danzarín que la llama, y se extiende juguetón y zigzagueante, hasta desvanecerse.

Dio una larga calada al cigarro, lo apoyó en el cenicero y después dejó que el humo fluyera libre y despacio desde sus labios. Por un segundo lo imaginó recorriendo sus pulmones rápidamente pero con elegante cadencia; sintió un escalofrío y lo expulsó con fuerza.

Se levantó de su silla, alejándose hasta quedar recostado en la cama. A su mente vino el recuerdo de las hipnóticas ondas que el humo producía en los hilos de luz que atravesaban las rendijas la persiana entrecerrada en las tardes de verano. Una sensación asociada con música. Se ladeó, con la cabeza apoyada en la almohada y pensó. El pensamiento se convirtió en fantasía, y esta, cada vez más vívida, se transformó en sueño. Sueño. Tenía tanto sueño...

Mientras el cigarrillo se consumía en el cenicero, y la pantalla del ordenador parpadeaba, soñó que escribía.

Finalmente, esa noche su único lector sería él mismo. Sus personajes emanarían de sus recuerdos, de los recuerdos de los que era consiente, de los recuerdos que no recordaba y de los chispazos sinápticos de su cerebro liberado de ataduras.

Soñar... soñar era sin duda mucho más egoísta que escribir. Porque aunque ella recorriera con desinhibición sus ensoñaciones, colándose en las escenas que no le correspondían y negando su propia condición de personaje, jamás sería consciente de ello. Ser consciente de ello. Ser consciente de si misma dentro de la mente de otro. Ser consciente de la intensidad con que su imagen, su recuerdo, su realidad, era recreada por la mente dormida de aquél que quería escribir para ella, para estar cerca de ella, para convertirse también en imagen dentro de ella. La última forma de intimidad a la que tenía acceso.

- Mientras lees estas líneas, puedes imaginarme escribiendo, puedes sentir como la emoción se codifica en pensamiento, este en palabra, y esta llega hasta a ti, se descodifica en pensamiento y vuelve a su estado original de emoción. Como haces tuyas mis palabras, que son un reflejo de ti, de mi emoción de ti, mi sentimiento por ti, este es procesado y transformado en algo muy distinto, el algo tuyo. De este modo, muy poco de mi puede llegarte. Se pierde por el camino tanto, tanto...energía viajando a través de un conductor de elevada resistividad.

Pero si no recordaba mal, junto a él ella tenía, o había tenido, la innata capacidad de dejarse llevar a las mil maravillas. Habrían sido una excelente pareja de baile. De haber sabido bailar.

...Un tango a media luz...

Confió, pues, en que nuevamente supiera hacerlo. Y entornara sus ojos. Y respirara suavemente, como cuando sabes que no tienes nada que temer, que quien te conduce sabe lo que hace y no hay margen de error. Y entonces, solo entonces, puedes sentirte libre de disfrutar sin mas de la sensación de ser llevado, guiado, conducido, dirigido, encontrado. De este modo deseó que ella, en este momento, en esta noche o esta mañana, en este instante, recordara que en aquel otro momento estuvo en sus sueños. Y fue suya, sin miedo, sin vacilaciones, fue libre de si misma y no fue prisionera de nadie. Él no la había invocado, ella llegó hasta él por propia voluntad. Acudió sin ser llamada. Por propia voluntad le miró directo a los ojos, por propia voluntad se recostó sobre su pecho, por propia voluntad fue llama.

Y por pura realidad, fue humo. Y sin ningún reparo, sin el menor miramiento (qué sentido tendría...) se alejó, como era su deber, como estaba impreso en su naturaleza, danzando juguetona, zigzagueante.

Inconscientemente, lo llenó todo y se fundió con todo.

Hasta el punto de llegar a parecer, a ojos inexpertos, poco mas que nada.


La tarta de Nicolás

Foto: Nube verde de pura mierda sublimada divisada hacia el norte. Vista desde la calle Faisán, barrio de Los Pajarillos, Valladolid.




Resumen del argumento: Colin ha conocido a una mujer llamada Chloé y se ha enamorado perdidamente de ella. Sin embargo no se atreve a volver a verla, a tratar de contactar con ella. Invita a cenar a su amigo Chick, fanático coleccionista de los artículos de Jean- Sol Partre. Nicolás, el cocinero de Colin, prepara una suculenta cena como siempre; esta cena concluye con una tarta. Cuando la sirve en la mesa, el cocinero rehúsa cortar la tarta "Es demasiado hermosa. Esperemos."

Se retira y Colin y Chick comienzan a beber de una botella de vino dorado con tonos fosforescentes. Y ahí llega el diálogo:

- ¿Y si cortáramos la tarta? - dijo Chick.

Colin cogió un cuchillo de plata y empezó a dibujar una espiral en la impoluta blancura de la tarta. De repente se detuvo y contempló su obra con sorpresa.

- Voy a probar una cosa -dijo.

Tomó una hoja de acebo del ramillete de la mesa y cogió la tarta con la mano. Mientras la hacía girar rápidamente sobre la punta del dedo, colocó con la otra mano una de las puntas del acebo en la espiral.

- ¡ Escucha ! - dijo.

Chick lo escuchó. Se trataba de la canción Chloé, en versión de Duke Ellington.

Chick miró a Colin, que estaba totalmente pálido.

- No me atrevo a cortarla - dijo Collin.

Chick le quitó el cuchillo de las manos y lo plantó con gesto decidido en la tarta. Ésta se partió en dos, y en su interior apareció un nuevo artículo de Jean- Sol Partre para Chick y una cita con Choé para Colin.

Boris VianLa espuma de los días


Pájaro azul


Foto: Otra extraña máquina trabajando en las obras del AVE a las 2:25 a.m. Calle de la SaLud, barrio de Los Pajarillos. Valladolid.


El hombre construye vías de hierro para que circulen las aves, cuando ellas lo han hecho por caminos de aire toda su vida sin que el hombre les importe lo más mínimo


Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie te vea.

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío? ¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

Luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?



Foto: Lápida de Charles Bukoski en San Pedro, California.




sábado, 8 de septiembre de 2007

Anotaciones de Percipied sobre las anotaciones de Benjamin sobre Baudelaire

Foto: Das Passagen-Werk (Libro de los Pasajes), Walter Benjamin. Ejemplar anonatado por Jacques Percipied.

Estaba paseando por los Pasajes de Walter Benjamin, en la parte dedicada a sus apuntes sobre Baudelaire, cuando se me han caído varias notas al margen. Cuatro en total. Es curioso, porque deseaba ciertamente anotar, pero me parecía que la lectura aún no era lo suficientemente profunda y el libro era demasiado caro (y demasiado ajeno) para ser anotado. Sin embargo, han brotado de mi cabeza (no brotaron ahora, brotaron hace ya tiempo) y se han desprendido estas cuatro anotaciones que aportan a la comprensión de de la obra varios finos rizos castaño oscuro. Quedan, pues, para mayor enriquecimiento intelectual del próximo lector de este ejemplar.


Symptômes de ruine. Bâtiments immenses. Plusieurs, l’un sur l’autre. Des appartements, des chambres, des temples, des galeries, des escaliers, des coecums, des belvédères, des lanternes, des fontaines, des statues. - fissures. Lézardes, humidité provenant d’un réservoir situé près du ciel. - Comment avertir les gens, les nations ? Avertissons à l’oreille les plus intelligents.
Tout en haut, une colonne craque et ses deux extrémités se déplacent. Rien n’a encore croulé. Je ne peux plus retrouver l’issue. Je descends, puis je remonte. Une tour labyrinthe. Je n’ai jamais pu sortir. J’habite pour toujours un bâtiment qui va crouler, un bâtiment travaillé par une maladie secrète. - Je calcule, en moi-même, pour m’amuser, si une si prodigieuse masse de pierres, de marbres, de statues, de murs, qui vont se choquer réciproquement seront très souillés par cette multitude de cervelles, de chairs humaines et d’ossements concassés. - Je vois de si terribles choses en rêve, que je voudrais quelquefois ne plus dormir, si j'étais sûr de n'avoir trop de fatigue.

Síntomas de ruinas. Edificios inmensos, pelásgicos, uno tras otro. Apartamentos, habitaciones, templos, galerías, escaleras, senderos sin salida, miradores, linternas, fuentes, estatuas.
Grietas, resquebrajaduras. Humedad procedente de un depósito situado cerca del cielo
¿Cómo advertir a la gente, a las naciones? Advirtamos al oído a los más inteligentes.
En lo alto, una columna cruje y sus dos extremidades se desplazan. Todavía no se ha derrumbado nada. No puedo encontrar la salida. Bajo, después subo. Una vuelta.
Laberinto
Nunca he podido salir. Vivir para siempre en un edificio que va a derrumbarse, en un edificio aquejado de una enfermedad secreta.
Calculo para mí mismo, para entretenerme, si una masa tan enorme de piedras, de mármoles, de estatuas, d emuros que van a chocar entre sí, no se verán ensuciados por esta multitud de sesos, de carne humana y huesos triturados. En sueños veo cosas tan terribles que a veces querría no dormir nunca más, si estuviera seguro de no tener demasiado cansancio.

Charles Baudelaire, Oneirocricias. Citado por Walter Benjamin en el Libro de los Pasajes.

La realidad es la muerte de la intención. - Walter Benjamin.

martes, 4 de septiembre de 2007

El dolor del Vacío

Foto: Verja de la via del ferrocarril, calle Estación a la altura del túnel de las Delicias. Valladolid.
Gracias por el poema, Muchacha Alada.


CULMINACIÓN DEL DOLOR

Oigo incluso cómo ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.
oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj
se vuelve pomos en la cómoda
se vuelve papel sobre el suelo
se vuelve calzador
ticket de lavandería
se vuelve
humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas...

poco importa

poco amor
o poca vida
no es tan malo

lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.

Henry Charles Bukowski (Hank)