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lunes, 14 de enero de 2008

La misma puta historia todos los días

Foto: Fotograma de Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951, basada en la obra de teatro de Tennessee Williams). Los protagonistas, Marlon Brando y Vivien Leigh.



A Blanche DuBois.

- ¿Te conté lo que le pasó a Armand?
Claro que me lo has contado, Sussie. Me cuentas la misma puta historia todos los días.
- En aquella época vivíamos en Phraxos, en una casita blanca junto al acantilado. Toda la zona estaba llena de olivos y Armand tenía alergia a los olivos.
Armand, el hombre que se folló a una puta ninfa.
- Una noche de mayo salió fuera de la casa, se puso malísimo pero estaba harto de estar encerrado dentro todas las tardes. Se hizo de noche y aún no había vuelto, así que salí a buscarle. Entonces empecé a escuchar "ahhh. ahhh.", jadeos y pienso "Armand con un ataque de asma". Echo a correr asustada y finalmente lo encuentro bajo un olivo enorme... ¡follándose a una puta ninfa!
Ahora viene la parte en que le arranca la cabeza. Y yo acabo de cenar...
- Sussie
- ¿Qué?
- Sussie, ya me has contado eso. Me cuentas la misma puta historia todos los días.
No debía haberlo hecho. Ahora, como todos los días, se pone a llorar.
- Shhhh, bueno, tranquila - la abrazo mientras solloza y siento el calor de sus lágrimas en mi cuello - ya pasó.
- ¿y... y ... entonces ya sabes el final de la historia?
Lo sé. Pero que mas dá.
- ¿Qué pasó?...
- Entonces... entonces... -sorbe su narizilla roja - entonces yo grité "¡Armand, que cojones estás haciendo!" y la ninfa se me quedó mirando, luego miró a Armand con furia y pegó un rugido y le arrancó la cabeza de un mordisco. Desapareció entre el follaje...
Demonio, esta explicación es mejor aún que la del domingo pasado. Sussie lloraba. Y yo entonces tenía que decir:
- No fué así, Sussie. - Sussie me observa con extrañeza. Yo tomo aire. - Estábais en Tánger poniéndoos hasta las cejas de todo, viviendo en una chabola de mierda. Un día Armand fué a pillar jaco y tardaba mucho. Fuiste a casa del camello y te los encontrastes a los dos, Armand y el camello, follándose a una putita tailandesa que no tendría ni trece años. Entonces cogiste el .38 de la mesilla del camello y les volaste la cabeza a los tres.
Me mira con cara de ofendida. Como siempre.
- No... - sus ojos comienzan a girar enloquecidos - no a los tres...
- Si.
- No a los tres...
- Si Sussie. A los tres.
Sussie se rompe en un llanto terrible. Los primeros días era estremecedor. Ahora sólo es terrible. Cruje una cerradura, el celador abre la puerta.
- Lo siento, señor Graco. La visita ha terminado.
Y me alejo de tu celda oyéndote gritar, y maldecir mi nombre, rogar un pico sollozando...y yo sólo deseo salir fuera para poder encenderme un cigarillo.

Hasta mañana, Sussie.

lunes, 3 de diciembre de 2007

The Test

Foto: Estación del Barrio del Pilar, dirección Arganda del Rey. Madrid.


Il etáit une fois une jeunne femme que caminaba con paso decidido por una luminosa estación de metro. Los trenes avanzaban sin detenerse en el andén, atravesaban las vías dejando tras de sí un rastro blanco y azul. Un silbido era todo lo que se escuchaba a su paso, ni el traqueteo de los vagones, ni el bullicioso circular de los pasajeros, ni los metálicos anuncios de llegadas y partidas. Una joven mujer de cabellos dorados caminaba por la estación.
Sus pies dejaban una huella clara en el suelo que parecía tornarse arena marina cuando pisaba sobre las teselas del mosaico. El agua se filtraba entre los diminutos granos y formaba pequeños estanques de agua salada de la talla treinta y ocho. Por efecto de la eutrofización en ellos se generaban verdes cinobactérias que producían óxigeno para alimentar la cadena de la vida: florifacción (W) , floriscencia (F), frutigénesis (nah). Una joven mujer de cabellos dorados paseaba por la arena. A su paso brotaban flores de blanco azahar.
El camino que la conducía hacia delante no terminaba nunca. Los árboles se alzaban ya hacia la arbolescencia y pronto serían bosque, su sombra frondosa alumbraba los raíles. A los pies de sus raíces los papamoscas se dejaban caer siniestros, y las musas extendían sus verdes hojas y exhibian frutos amarillos que hacían las veces de pequeños soles constelados. En torno a cada uno orbitaban diminutos sistemas planetarios de diversa población, pero por influencia conspicua de rámeras inuesas todos acababan siendo devorados por las rotundifolias dróseras. Las drosófilas salian huyendo tan deprisa que un ejército de lucifersas se batía en su interior convirtiéndolas en luciérnagas. Una joven mujer de cabellos dorados caminaba en un bosque, el Universo giraba a su ritmo.
La bioluminiscencia es un fenómeno relativamente frecuente en bastantes especies marinas; las últimas estimaciones consideran que hasta un 90 % de los seres vivos que habitan en la porción media y abisal de los mares podrían ser capaces de producir luz de un modo u otro. En hábitats terrestres la bioluminiscencia no es tan común.
Cabellos dorados, joven mujer, resplandor.
Yo recogía los frutos, golpeaba y horadaba la tierra, excavaba y me llenaba de barro. El sudor danzaba con la arena en mi rostro trazando ocres barrotes de prisión y absorbiendo el aire en mi y en el mundo. Una joven mujer de cabellos dorados caminaba.
Levanté la vista, observando cómo se alejaba hasta que solo un aroma suave quedó como rastro. Acariciándolo se estremeció y tocó por fin su espalda. Se gira hacia mi, una joven mujer de cabellos dorados, su piel es tan blanca que absorbe la luz de las estrellas y sus ojos me bañan en azules nubes de cielo albino. Se recortan sus labios como pliegue carnoso y dulce de nieve batida. Ráfagas de viento portan su voz cristalina y los cortes en mis brazos y mejillas me bañan en sangre agria. Sustancias volátiles son liberadas y estimulan los receptores olfativos de mi nariz. Te acercas.
Una joven mujer de dorados cabellos. Una voz te llama a tu espalda, frente a mi. Tu gesto se transforma en sonrisa y las dilatadas pupilas escondidas tras los párpados entrecerrados se llenan de noche liviana. Te giras, te marchas, el andén se mustia y muere. Parpadea una polilla en los focos fluorescentes del techo. Hiede a humedad rancia y a óxido, la gente corre arrastrando pesadas maletas, charlan y el eco de sus voces se mezcla con las de los megáfonos que recorren los pasillos. Sobre el terrazo se pelean los chicles para emigrar adheridos a la suela de un zapato. La condensación en la bóveda produce una fina y poco densa lluvia. Senescencia vegetal: se debe a un proceso llamado apoptosis o Muerte celular, conocido también como suicidio celular por deberse a una serie de señales internas con las que la celula se induce a la Muerte de una forma limpia, sin desencadenar un proceso de necrosis o reaccion inflamatoria.

Este proceso también aparece en humanos (desaparicion de la cola de renacuajo para convertirse en rana).

Se va y yo busco bajo la herrumbre el nombre de la estación que ahora es cripta y viaje. El término “olor” se refiere a una mezcla compleja de gases, vapores, y polvo, donde la composición de la mezcla influye directamente en el aroma percibido por un mismo receptor.
Lejos balaban las cabras, entrechocaban sus cabezas.









sábado, 1 de diciembre de 2007

Seis años

Seis años después en el mismo sitio, en el mismo lugar, en la misma ciudad. Seis años después en la misma fecha. Piénsalo, la semana tiene siete días. El mismo día de hace seis años también era sábado. Eso es lo único bueno de recordar fechas. Por supuesto, nada tiene nada que ver. Yo soy otro. Y tu ya eras otra en aquel momento. Es irónico, por otro lado, que lo que podría significar cerrar un círculo sea sin embargo trazar un rombo. Ya sabes, en mi viaje a la reencarnación tiene que acompañarme siempre un poco de condenación. Mucho más que un poco, en realidad.

Ya he hablado de eso, por lo que no continuaré con el tema.

Era una noche negra como pocas, tan negra que a penas podía distinguir el pálido brillo de las verdosas estrellas. Hacía tiempo que bailaba en torno a una pira funeraria, pero esa noche fué la de la consumación. No habría otra parecida. En mi memoria - ya sabes como funcionan estas cosas- la falta de imágenes se suple con recuerdos a la luz del amanecer, de espaldas a mi, la suave curva de tus hombros encogidos. Una línea recta desciende desde el cuello y se detiene en un punto, de pronto se curva hacia arriba, hacia abajo, y desciende por tus brazos pudorosos. Recortada contra el amanecer te recuerdo esa noche negra. Había algo de prohibido, siempre lo hubo, y había algo de falso en todo aquello. Una tarde llevabas una blusa gris de finas rayas oscuras y mientras clamabas a los cielos o a donde clamen quienes no creen en castigos y recompensas (yo me he creado mi propia mitología) sólo podía pensar en lo bien que te quedaba la blusa gris de finas rayas oscuras, y como podría quedar mejor: en el suelo, a dos metros de tí.

Por la mañana pronto vino el sol y no recuerdo tu rostro, pero recuerdo tu albornoz, recuerdo tus pestañas entrecruzándose a escasos centímetros de mí la mañana de nuestro primer pecado, mientras Rachmaninnov hacía temblar las lámparas con su concierto número dos. Recuerdo que cogí un autobús, tenía que bajar para volver a subir y durante todo el camino solo pensaba en las vibraciones del motor (me había sentado al fondo). Cuando llegué al trabajo escribí en el ordenador lo que había ocurrido para asegurarme de que era real. Borré hace tiempo ese archivo. Lo borré esa misma mañana.

Cuando deambulaba por la ciudad dando tumbos y pensando en la salvación fácil de una botella - más acogedora que el frío filo de un puñal, y mucho más placentera - me detenía en las esquinas y deseaba que me encontraras así. Y cuando veía viejas películas de terror por las noche deseaba que estas fueran lo suficientemente buenas para servir de justificación a mis gritos.

Y ahora, seis años después, este momento anterior a la celebración es el único que quiero dedicar a aquellos otros. Como te digo, para cerrar el círculo debería visitar aquel santuario oculto entre la niebla yo sólo. Pero me acompaña otro círculo abierto , mas abierto, más grande, que consumirá de seguro toda la energía que puedo dedicar a la geometría vital.

En el fondo es, para qué engañarse, una especie de deferencia hacia ese chaval de hace seis años que sólo soñaba tu cintura envuelta en sus espirales de humo.
Y mientras, tanto tiempo después, las tormentas de aquel día en la memoria solo son sucios aguaceros de lluvia ácida y pútrida que no trascienden más allá de sus propios charcos.

viernes, 30 de noviembre de 2007

.1. Et lux perpetua luceat ei

Todos lo veían. Estaba preso de un ánimo funesto. Yo también lo sabía, y qué, no era la primera vez que me pasaba, ni sería la última. Carecía de impulso y de ritmo, estaba cansado y los cielos grises me parecían los más hermosos. Pero yo no era de los que creían (sigo sin serlo) que la tristeza es una especie de enfermedad, y que el estado natural y óptimo del ser humano es el de la felicidad: porque si la carencia de felicidad fuera un problema ¿no significaría eso que todos tenemos uno? Antes de que los optimistas vinieran a cerrarme la boca me había respondido a mi mismo y no necesitaba más interpelaciones. Lo que necesitaba era un viaje, cambiar de aires que se dice. Sentía una poderosa ansia de soledad, pero carecía del valor necesario para irme a un pueblo perdido, o al desierto, o a la cima de un monte. Necesitaba esa soledad acompañada de la ciudad, ser observador y evitar ser observado, necesitaba ese ambiente de film noir que me rescata de la monotonía de mi vida.

Se me presentaban varias opciones pero la más segura era Meditérrea, por ser una ciudad ni demasiado lejana ni demasiado próxima, ni demasiado de dentro ni de fuera, ni demasiado desconocida ni demasiado ajena. Tenía amigos allí a quienes podría llamar si necesitaba tomar un trago. Y el billete de tren era barato. El viaje en tren era parte del tratamiento (este es el motivo, amigos, por el que nunca podré escribir una novela: porque es más fuerte en mí el deseo de vivirla que el de crearla), a pesar de que ya no había vagones de fumadores, ya no había viudas negras (qué fué de Marlene Dietrich) y sólamente yo y un señor mayor que caminaba como una geisha llevábamos sombrero. Fué decepcionante que no hubiera mucho que mirar entre el pasaje, no había historias para inventar detrás de esos rostros, todo el mundo parecía perfectamente normal y yo debía ser el mas raro y enfermo de entre los que me reodeaban. Y aunque no lo creais incluso yo me acabo aburriendo de escribir sobre mi mismo, aún viéndome desde fuera.

¿El paisaje? No lo recuerdo muy bien, he consultado mis notas pero está claro que mi visión estaba entonces cubierta por esa lente de la que hablaba al mencionar antes los días grises: todo era tan poético como en un cuadro de El Greco rociado con aguarrás, e incluso anoté que llovía pero creo que me lo estaba inventando. Si queréis que hable del paisaje puedo suplir estas lagunas con conocimientos objetivos (aunque estos conocimientos no sean exactamente míos). Veréis como, además, consigo no desprenderme de la literariedad.

El Sistema Central es el resultado del choque de las placas correspondientes a la submeseta sur y a la submeseta norte, ambas pertenecientes a la Meseta Central de la península ibérica. El sistema se levantó durante la orogenia alpina (era Terciaria), aunque los materiales sobre los que se asienta (el zócalo granítico meseteño) sean anteriores (de la orogenia herciniana). Las rocas han sufrido una fuerte erosión, por lo que se han aplanado mucho tanto en las cumbres (conocidas por los montañeros como "cuerdas") como en las estribaciones septentrionales y meridionales. Por tanto, el Sistema Central es una cordillera más antigua que otras, como son los Pirineos, los Alpes, los Andes o el Himalaya.
La flora del Sistema Central se caracteriza por la abundancia de bosques de pino silvestre y piñonero, y la presencia de robledales y encinares en zonas más bajas. En las cumbres predominan los pastizales y arbustos de alta montaña. En la zona más baja de la cara sur de la Sierra de Gredos existen especies vegetales propias del clima mediterráneo típico gracias a las influencias climáticas que recibe de Extremadura. En cuanto a la fauna, abundan mamíferos como ciervos, jabalíes, corzos, gamos, tejones, varios mustélidos, gatos monteses, zorros, liebres, etc.; una gran cantidad de especies de aves acuáticas en los embalses, y grandes rapaces como el águila imperial o el buitre negro, entre otras.
La situación céntrica y divisoria del Sistema Central ha hecho que sea atravesado desde tiempos preromanos por varios puertos de montaña. Los principales pasos naturales entre ambas vertientes son el corredor de Béjar, el puerto de Tornavacas (Cáceres),el puerto del Pico (Ávila) con calzada romana, el puerto de la Paramera (Ávila) y los puertos de Somosierra, el Alto del León, el puerto de la Fuenfría con calzada romana y el de Navacerrada (entre Meditérrea y Segovia).

Recuerdo, eso sí, que cuando bajé del tren tuve la misma sensación que tengo cada vez que viajo a esa ciudad: tengo que mirar hacia arriba con susto porque ha crecido otro nuevo rascacielos. ¿Cuantos puede haber? ¿Unos ocho? Entonces he debido ir no más de seis veces en mi vida. Tal vez me sobre alguna - soy hipocondríaco, a un nivel leve, pero lo soy, acabo de ver luces al torcer la vista y sospecho una lesión cerebral. Destino infame. Oh, alma mía profética. - El aspecto general de la urbe, como siempre, resultaba decepcionante. Meditérrea es una capítal de la decepción, excepto para aquellos que la aman, pero creo yo - perdónenme ustedes - que los que aman esta ciudad es porque aman las decepciones. Yo soy un onironauta: estoy acostumbrado a la decepción, pero la detesto. De esto deduzco que esa primera noche debí estar muy borracho o que debí pasarme con el humeante néctar prohibido, porque anoté esto en mi libreta:

Ante mi se alzaba un monstruo de negras alas, un infierno dantesco que tenía sin embargo un magnetismo fascinante. Enormes edificios coronados por estilizadas agujas, iluminados en la temprana noche mediante gigantescos proyectores halógenos parecían desafiar al cielo. Olía a tallarines, o a sudor, nunca he sabido diferenciar esos olores. Olía a sexo, a vicio, olía a arte y a miedo, olía a cuero, a metal y a vino con un toque de fruta madura en la nariz. Olía a cervecerías llenas de humo, a cabaret, olía a alambre de espino y a árboles. La ciudad era, en fin, una orgía sugerente que sin embargo me abrumaba...

Amanecí pensando en un libro que había leído años atrás. No recordaba el título, pero recordaba el nombre del autor. Vencí a la pereza, salí de la cama del hostal (un hostal al uso) y decidí aprovechar la excursión para navegar entre las librerías de viejo preguntando por un libro de un tal Walter Lurudi. Al final, cuando mi problema pasó de ser encontrar un libro en una librería de viejo a encontrar una librería, entré en un ciber, accedí a Google y tecleé
www.iberlibro.com
Ninguno de los títulos que aparecieron relacionados con Lurudi me sonaban, pero apunté el nombre y la dirección de un par de tiendas. Cuando volví a la calle ya era demasiado tarde para vagar sin rumbo, así que entré en la primera taberna que me pareció lo suficientemente decadente.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La playa

Foto: Una playa cerca de Comillas.



De entre la espuma marina y las olas negras y los vientos salados,
Desde el nido de los vientos, con la popa quebrada contra los rocosos bajíos
Pongo el pie en la arena que me abraza y envuelve como una madre a un recién nacido

Respiro los aromas de los árboles y del agua duce que brota en los picos altos, la constante gota precisa que choca contra los amorosos labios del glaciar y corre entre las rocas y traza caminos de fluido trazado.

¿Quién me conduce a ti?
¿Quién puede darme alas en la tibia mañana,
por qué los rayos del Sol se enmarañan en mi pelo
Por qué juegan conmigo las tristes algas y me atan de vuelta a mi navío?

Son las voces de los muertos, escuchad, son sus gritos y lamentos los que nos traen hasta la playa, ellos son tantos y nosotros tan pequeños y breves...
Chillan lastimosos ¡Vivid! ¡Vivid, es todo lo que os resta! No arranqueis las flores ni aún cuando mustias os aparezcan. ¡Mas bien sentaos junto a ellas y contemplad, observad como la luz les da sus sombras, como sus sombras juegan con sus rostros! Miradlas mil veces, cerrad los ojos y volved a mirarlas, recorred con vuestros labios sus pétalos tersos, saboread su savia fragante, llenad vuestros pulmones de aire, mirad al cielo y dibujad su contorno con las nubes, mientras acaricia vuestro rosotro el viento y recordáis cuanto camino ha recorrido para llegar hasta vosotros…

De entre la espuma marina
y las olas negras
Desde el nido de los vientos,
con la popa quebrada
contra los rocosos bajíos
Pongo el pie en la arena
que me abraza y envuelve
como una madre
a un recién nacido

domingo, 23 de septiembre de 2007

Vielleicht ist er auf dem Weg zu dir, wer weiß...?

Foto: Ophelia. Arthur Hughes.

Ninfa, te llevaste

tus alegres canciones

y tus sonrisas,

labios que eran promesas,

ojos que se tornaban

mar embravecido,

suave rostro de agua

bajo un tapiz de tormenta.



Restaban mil ramos, mil flores

a las que ya nunca pondrás nombre

Restaban mil risas y mil noches

mil mañanas de verano,

de otoño,

de invierno primavera,

verano, otoño


Dejaste un rastro de pétalos

una eternidad de caminos no recorridos

mil veces mil pasos que dar

con suave cadencia.

Dejaste en el aire un beso,

siento el frio de tu abrazo vacío,

el vacio de tu cuerpo ni presente,

ni pasado,

ni sepulto.



No pude sentir nunca tu pulso

en mi pecho,

ni tu respiración

en mi oído

Eternamente serás joven

tu rostro evitado por los años

mientras

yo

me

marchito,

y

añoro

y

olvido

y

lamento


bocanada de brisa

que se

escapa

prendida

del viento



Hoy he sentido como me llamabas,

susurrabas a mi oído voz de cristal

diciendo te recuerdo,

te recuerdo,

terrecuerdo,

te re cuer do.

Cerrar tus ojos,

y cerrar los mios,

y cerrar

y que la oscuridad

invada al mundo,

que no es mundo,

la luz

me hace daño

justo pago por tantas horas

consumidas

y todo el humo respirado

muchas veces,

adherido a las paredes

como se adhiere

a mis pulmones,

deja ahora

de ser mancha y vuelve a ser

humo, fuertes brazos

de humo se aferran a mi garganta

y yo no encuentro

esa

bocanada de brisa

que se

escapa

prendida

del viento


Se derrumba mi memoria

como un castillo de arena

sube la marea, tira del mar la Luna,

tira de la Luna el mar, juegan, luchan,

siempre,

se hunden el uno en el otro

y no respetan las ruinas

de las felicidades pasadas

nada existe

solo ellos existen

ni tan siquiera ellos existen

sólo
reflejos
de luz
y química
del cerebro
y solo eso existe
y nada existe

me pliego hacia dentro,

hay que saber plegarse

corres el peligro de convertirte

en un nudo,

un nudo un nudo un nudo
un nudo.

Un nudo.

bocanada de brisa

que se

escapa

prendida

del viento,

libre

con el viento

libre con el viento,

libre con el viento, no aspirada, no inhalada,

no respirada, solo libre

con el viento, solo tú,

solo tú

libre,

solo viento.

Solo nada.

martes, 4 de septiembre de 2007

El dolor del Vacío

Foto: Verja de la via del ferrocarril, calle Estación a la altura del túnel de las Delicias. Valladolid.
Gracias por el poema, Muchacha Alada.


CULMINACIÓN DEL DOLOR

Oigo incluso cómo ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.
oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj
se vuelve pomos en la cómoda
se vuelve papel sobre el suelo
se vuelve calzador
ticket de lavandería
se vuelve
humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas...

poco importa

poco amor
o poca vida
no es tan malo

lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.

Henry Charles Bukowski (Hank)