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lunes, 24 de diciembre de 2007

Cuanto de Navidad

Me preguntaron ¿cuando vas a escribir otro cuento de navidad? y yo contesté "no importa cuando: importa cuanto". Por lo que, nuevamente, el Cuanto de Navidad.

Siempre le habían dado miedo las alturas. No por verlo todo muy lejano, o pequeño, sino por el más simple miedo a caerse. Y ahora estaba ahí, arriba, viendo todo muy muy pequeñito y haciendo un cálculo aproximado de la distancia que le separaba hasta el suelo, la velocidad a la que caería y la aceleración. La gravedad es la fuerza de atracción mutua que generan dos cuerpos con masa. Sin duda, su cuerpo tenía masa cuerpo tenía masa (quizás un exceso de masa), e indudablemente la Tierra tenía que tener mucha masa. Vista desde esa altura, estaba claro que era muy, muy grande. Nunca había abarcado tanta Tierra de un sólo vistazo, y su masa era abrumadora.

La fuerza de atracción mutua entre doe caería y la aceleración. La gravedad es la fuerza de atracción mutua que generan dos cuerpos con masa. Sin duda, sus objetos con masa es directamente proporcional al producto de las masas de cada uno, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. Eso le hizo sentirse aliviado. Tal vez, la distancia que le separaba de la Tierra compensaba, en cierto modo, la diferencia de masa. Por un momento se le cruzó por la cabeza si esa ley no implicaba que una persona de constitución gruesa tuviera una mayor propensión a chocarse con la gente por la calle.

La aceleración era otro cantar. La aceleración de la gravedad (g), es decir, la aceleración que el campo gravitatorio imprime sobre un cuerpo bajo su influencia, es de 9.8 m/ s, en la superficie de la Tierra. En la superficie de la Tierra. ¿Como puede ser eso? ¿Significa que, mientras caminamos tranquilos pensando en nuestras cosas, estamos constantemente cayendo a 9.8 m / s, pero como tenemos el suelo que nos frena, no nos hundimos en las entrañas del planeta? Dudaba de muchas cosas, pero había una que era a todas luces clara: que no se encontraba sobre la superfice terrestre, y por tanto desconocía cual era la aceleración de la gravedad a la altura en que se encontraba en ese preciso instante. La falta de ese dato hacía absurdo, pues, conjeturar sobre algo de lo cual no podía tener certeza alguna. Bien, siempre hay que dejarle un pequeño espacio al misterio...

En la teoría cuántica, la gravedad aparece como fuerza fundamental que liga a todas las partículas con masa con otras a través de otra partícula, un bosón transmisor del campo gravitatorio denominado gravitón. Comenzaba a entrar en el campo de la fé, donde cosas como los bosones existen y saludan con una simpática reverencia al viajero, una sonriente y amable partícula de espín entero (0,1,2...). Esta propiedad (el poseer espín entero) confiere a los bosones unas características especiales. Se comportan de acuerdo a la estadística de Bose - Einstein e incumplen el principio de exclusión de Pauli. Son bosones los fotones y los nucleidos con un número par de nucleones, como las partículas alfa.

Por un momento deseó que los bosones que le envolvían incumplieran con algún principio mas que la mera exclusión de Pauli, que en esto momentos no le resultaba para nada útil. Pauli, Pauli, ¿quién demonios era Pauli? Newton. Romper con los principios de Newton, eso si que tendría mérito. Por un momento le dio la impresión de escuchar miles de diminutas carcajadas bosónicas.

Una conclusión, a fin de cuentas: si estamos cayéndonos de forma constante, y lo único que nos salvaba del inevitable trompazo era la firme tierra bajo nuestros pies, el único problema de la caída sería la ausencia de suelo, hasta que se llegara al punto en que el verdadero conflicto lo produjera, precisamente, la presencia de suelo en demasía. Las cosas de la vida. Todo puede ser siempre una ventaja, hasta que se convierte en un problema o como dirían los químicos "si no eres parte de la solución , eres parte del precipitado"

Eternamente cayendo, eternamente cayendo... la expectativa tampoco era mucho más atractiva. Bien, quizás estamparse contra el pavimento no estaría tan mal. Pensar en caer eternamente le estaba empezando a causar mareos, y por lo menos sería una caída con un principio y un final, como todo lo que en este mundo es y debe ser.

Bien, ya estaba listo. Estaba preparado. Estaba mentalizado. Pronto se iba a convertir en una constante, se iba a convertir en una prueba más de la fiabilidad de la ciencia, infalibilidad que se basaba en experiencias empíricas y demostrables, como la que él iba a vivir. No existen en la vida de un ser humano, provisto de libre albedrío y azotado por un océano de incertidumbres, muchas certezas carentes de miles de variables, por lo que iba a experimentar algo que le está negado al común de los mortales. Allá iba. Con decisión.

¡Espera, espera, espera un momento! ¿Y después, qué? Espera ¿Como iba a tomar una decisión tan importante sin medir las posibles consecuencias? Sin duda la experiencia sería nueva, pero, ¿cual sería su utilidad? ¿El mero disfrute fútil y fugaz? Eso carecía de toda lógica. Caer era una certeza, pero el resultado de tal hecho era completamente incierto, más allá de un simple "haber caído". Sin duda habría caído, pero ¿moriría, se rompería algo, los bosones que mantenían ligadas sus piezas dejarían escapar alguna parte vital de su frágil estructura ósea, su propio, personal e intransferible campo gravitatorio sería ignorado por alguna de las partículas que se encontraban hasta cierto punto felizmente ligadas a él?

¡Oh, la sombra de la duda, que provoca que grandes empresas tuerzan su rumbo para nunca volver a merecer el nombre de la acción...!

Decidió, pues, no caer.

Cerró los ojos y con firmeza renovada, y profunda convicción, deslizó su pié hacia abajo hasta encontrar el siguiente escalón.

Tras lograr su propósito con aparente facilidad, hizo lo propio con el siguiente pie. Repitió este gesto en cinco ocasiones, hasta que sintió el suelo bajo sus pies. Por un momento dudó que este fuera capaz de soportar toda esa fuerza que su masa producía, ese impulso hacia la rotunda bajidad. Sin embargo, se mostró estable e imperturbable.

Poco a poco se alejó de la escalera, sintiéndose en cierto modo culpable por haberse negado la oportunidad única de convertirse en una muestra cayente del incuestionable poder de la ciencia.

Cerró con reverencial respeto la temible escalera de aluminio y la guardó un en un rincón.

Bien, nunca se sabe. Tendría una nueva oportunidad el día en que hubiera que descolgar el espumillón y las bolas de cristal que decoraban el frondoso árbol de fiable plástico, cuya ojival copa se extendía por los etéreos espacios del salón, perdiéndose en las altas cumbres de la escayola del techo. Allí, solitaria y desafiante, una estrella cubierta de purpurina, estratégicamente iluminada con una pequeña bombillita azul, servía de faro para evitar que miles de partículas flotantes impactaran sin remedio contra ese cuerpo extraño en la habitualmente vacía sala, que no aparecía en ningún mapa, plano o carta de navegación celeste.

Se sentó en su silla, encendió el monitor del ordenador y, cuando estuvo seguro de que nadie le miraba, respiró aliviado.

Después felicitó la Navidad a todos sus amigos, con una sencilla fórmula que todos sabrían sin duda descifrar y entender, de modo que perdiendo su valor de simple código, llegara a ellos con su verdadero significado, profundo y afectuoso.

Fleiz Navidad a todos.



domingo, 16 de diciembre de 2007

Sopa de peces

Foto: Sin referencia confesable


Ingredientes:

  • 1.422 trillones de litros de agua
  • 50.000 billones de toneladas de sal
  • Peces al gusto, preferiblemente algunos cientos de billones de kilos.
  • Moluscos, Crustáceos, también en gran cantidad.
  • Algas y corales en abundancia.
Modo de preparación:

Verter el agua en un recipiente mineral, añandirle la sal y remover lentamente. Calentarlo a fuego lento. Cuando el calor suba y el fondo se quede fresco, verter las algas y los corales y esperar a que arraiguen; una vez esto suceda añadir despacio los peces el y resto de los tropezones. Dejar olear unos millones de años. Servir frío y presentarlo con unos chorritos de fuel entrecuzándolo y unos crujientes aderezados con apartamentos en primera línea de playa y guiris tostaditos.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Seis años

Seis años después en el mismo sitio, en el mismo lugar, en la misma ciudad. Seis años después en la misma fecha. Piénsalo, la semana tiene siete días. El mismo día de hace seis años también era sábado. Eso es lo único bueno de recordar fechas. Por supuesto, nada tiene nada que ver. Yo soy otro. Y tu ya eras otra en aquel momento. Es irónico, por otro lado, que lo que podría significar cerrar un círculo sea sin embargo trazar un rombo. Ya sabes, en mi viaje a la reencarnación tiene que acompañarme siempre un poco de condenación. Mucho más que un poco, en realidad.

Ya he hablado de eso, por lo que no continuaré con el tema.

Era una noche negra como pocas, tan negra que a penas podía distinguir el pálido brillo de las verdosas estrellas. Hacía tiempo que bailaba en torno a una pira funeraria, pero esa noche fué la de la consumación. No habría otra parecida. En mi memoria - ya sabes como funcionan estas cosas- la falta de imágenes se suple con recuerdos a la luz del amanecer, de espaldas a mi, la suave curva de tus hombros encogidos. Una línea recta desciende desde el cuello y se detiene en un punto, de pronto se curva hacia arriba, hacia abajo, y desciende por tus brazos pudorosos. Recortada contra el amanecer te recuerdo esa noche negra. Había algo de prohibido, siempre lo hubo, y había algo de falso en todo aquello. Una tarde llevabas una blusa gris de finas rayas oscuras y mientras clamabas a los cielos o a donde clamen quienes no creen en castigos y recompensas (yo me he creado mi propia mitología) sólo podía pensar en lo bien que te quedaba la blusa gris de finas rayas oscuras, y como podría quedar mejor: en el suelo, a dos metros de tí.

Por la mañana pronto vino el sol y no recuerdo tu rostro, pero recuerdo tu albornoz, recuerdo tus pestañas entrecruzándose a escasos centímetros de mí la mañana de nuestro primer pecado, mientras Rachmaninnov hacía temblar las lámparas con su concierto número dos. Recuerdo que cogí un autobús, tenía que bajar para volver a subir y durante todo el camino solo pensaba en las vibraciones del motor (me había sentado al fondo). Cuando llegué al trabajo escribí en el ordenador lo que había ocurrido para asegurarme de que era real. Borré hace tiempo ese archivo. Lo borré esa misma mañana.

Cuando deambulaba por la ciudad dando tumbos y pensando en la salvación fácil de una botella - más acogedora que el frío filo de un puñal, y mucho más placentera - me detenía en las esquinas y deseaba que me encontraras así. Y cuando veía viejas películas de terror por las noche deseaba que estas fueran lo suficientemente buenas para servir de justificación a mis gritos.

Y ahora, seis años después, este momento anterior a la celebración es el único que quiero dedicar a aquellos otros. Como te digo, para cerrar el círculo debería visitar aquel santuario oculto entre la niebla yo sólo. Pero me acompaña otro círculo abierto , mas abierto, más grande, que consumirá de seguro toda la energía que puedo dedicar a la geometría vital.

En el fondo es, para qué engañarse, una especie de deferencia hacia ese chaval de hace seis años que sólo soñaba tu cintura envuelta en sus espirales de humo.
Y mientras, tanto tiempo después, las tormentas de aquel día en la memoria solo son sucios aguaceros de lluvia ácida y pútrida que no trascienden más allá de sus propios charcos.

lunes, 8 de octubre de 2007

Mil veces me maldigo

Foto: Cartón sobre el que se pintaron unos tablero y unas "eles" de atornillar.




Se celebraban las Orfías Dídricas. Unos amigos y yo. A mis amigos no los conocía, pero eso tiene su lógica, aunque no pueda ser expresado con palabras (se puede, pero no soy capaz)
- En serio ¿donde has puesto mis pies? - Yo, en plena orfía me doy cuenta de que no tengo pies y de que la cabeza se me estraperla.
- Anúlalo, anúlalo todo rápido y tráeme unas patatas peladas. ¿Tú que tomas? - la pregunta resuena en el espacio oscuro que rellena lo que hay bajo un arco de medio punto.
Suena un jazz rítmico y casual, los donfones ejecutan su melodía mientras los tridigibles se ciernen conteniendo el aire. La palabra confuso carece de sentido. Ahora soy consciente de qué es lo que tienen en común una célula y una loncha de chopped: ambas están rellenas de si mismas. Todo carece de sentido y eso precisamente es lo que lo hace real, aunque aún nos preguntemos que pása cuando la ligasa se desparrama por el suelo, y por qué tienen gafas las toxinas. Joder, un lisoma se parece a la bola de Toni Manero, y que más da, a lo mejor es una bola y creemos que se parece a un lisoma. Ya limpiarán mañana, si es que existe un mañana en este lugar.
- Tolomeo, a ser posible.Tomemos unas jarducas y cantemos hasta el amanecer, como en una película de Charlie Kiesloff.
- Sí, eso ¡ y cacahuetes!
El mástil toca ya el alboredo y todo parece rotar de forma dándrica. Otra hermosa Orfía en el Club de las Almas Perdidas.